Las empresas en muchos países invierten su capital en función a los rendimientos que puedan generar pero sobre todo considerando seriamente las condiciones de riesgos jurídicos que se pudieran presentar en la inversión.

Instalar una nueva empresa o continuar operando una empresa establecida en un lugar con alta incertidumbre social, con niveles de inseguridad altos, sin medios de comunicación, pero sobre todo sin certidumbre jurídica inhibirá toda clase de inversión y desde luego no se generarán nuevas fuentes de empleo.

Las condiciones actuales de México no permiten el fomento a la inversión, ya que no existe la confianza para hacerlo. Los giros constantes de timón y un enfoque totalmente a detener a la iniciativa privada, a la no inversión en procesos de desarrollo considerando las alternativas y mecanismos a largo plazo han generado una inestabilidad social, económica y sobre todo de relación humana.

El año 2020 terminaremos con una caída del PIB superior al 10%, con una pérdida de empleos superior a 3 millones, con una pandemia que ha cobrado más de 80,000 muertos, con un nivel de violencia superior a los años anteriores y con una gran división de criterios político – económicos que han llevado al enfrentamiento fraterno y ha separado familias, amigos, hermanos y esposos. Todo esto nos llevará en el mejor de los casos de 6 a 10 años para regresar a los niveles económicos que México tenía en el 2018.

Sin embargo, no todos los mexicanos tendremos la posibilidad de buscar otros lugares o países para desarrollar nuestra actividad profesional y económica. ¿Entonces qué hacemos?

Las empresas y los empresarios debemos de aprender a ser más analíticos, a prever y simular escenarios de mercado y económicos pesimistas y realistas y sobre todo estar atentos a los cambios que esto representa para nuestra empresa. Buscar nuevos productos y nuevos mercados que generen riqueza.

Tratemos en lo posible de cuidar las fuentes de empleo, ya que si las personas no tienen ingresos, entonces no podrán consumir nuestros productos u otros y el precipicio entonces sería más y más profundo.

Respetemos la dignidad de las personas pero seamos más exigentes con los servicios y con las empresas que los brindan. Este es el camino de la mejora institucional y personal. Ya basta de decir que como estamos en México, las cosas se hacen de cierta manera. Hagámoslas profesionalmente y bien. Hay que hacer un buen trabajo.

Tenemos la obligación de mantener a nuestra empresa, a nuestros colaboradores y a nuestras familias en las mejores condiciones posibles siempre teniendo en cuenta que deberemos de tener una visión a mediano y largo plazo y no sólo a los beneficios a corto plazo. Esto es difícil porque desde niños nos enseñaron la “Inmediatez”, sin embargo las empresas, las familias y las personas no crecen y maduran de manera inmediata, sino como resultado de un gran trabajo, esfuerzo, dedicación, y sobre todo: 1% de suerte y 99% de trabajo y estudio duro.

Si esperamos que el o los Gobiernos nos vayan a ayudar, por favor olvídenlo, eso no pasará. Seamos fuertes y busquemos cómo mantener los empleos, las empresas y las familias bien en México.