Sistemas de evaluación: “diccionarios de competencias y valores”

Para conseguir mejorar el clima ético en los entornos laborales, institucionales y educativos, se están poniendo en marcha diferentes códigos deontológicos que actúan como guías para los distintos usuarios. Para conseguir que surtan efecto, es necesario hacer énfasis en su importancia y en conseguir un compromiso de lealtad, compañerismo y cooperación entre los distintos integrantes de las organizaciones.

Tanto a nivel individual como colectivo, es necesario promover los valores de la cultura organizativa. Las acciones encaminadas a implementar esto serían:
Formación de los trabajadores.

Para conseguir que la mentalidad moral arraigue en una compañía, resulta muy eficaz ofrecer cursos y seminarios de ética empresarial. Así como el uso de guías de comportamientos observables nombre con el que se conocen los diccionarios de competencias y valores, en donde se plasman las distintas necesidades de cada organización, y cómo se estructural los distintos niveles de requerimiento. Estos deben diferenciar entre:

• Competencias de tipo general. Son básicas a cualquier tipo de entidad y organización. Aquí se pueden trabajar aspectos como el autocontrol, el compromiso, la adaptación al cambio, la conciencia organizacional, la calidad del trabajo, la ética, justicia, empowerment, desarrollo de las personas, innovación, fortaleza o integridad. También se tratarían otros importantes aspectos como la sencillez, responsabilidad, orientación al cliente, perseverancia o prudencia.

• Competencias de niveles directivos. Basados en exponer aquellas competencias que están directamente asociadas a puestos de gerencia, jefatura y dirección. Para estos niveles existen capacidades a tratar como el desarrollo en equipo, el autoaprendizaje, dinamismo, iniciativa, habilidades mediáticas, empowerment, el liderazgo, la orientación a resultados, la integridad, la responsabilidad, la orientación al cliente o el pensamiento estratégico.

• Competencias de niveles intermedios. Están centrados en los puestos intermedios, representados por técnicos y empleados medios. En estos departamentos se debe fomentar el aprendizaje continuo, autocontrol, adaptación al cambio, calidad del trabajo, colaboración, empatía, conciencia organizacional, comunicación, desarrollo de relaciones, dirección de equipos de trabajo, empowerment, negociación, nivel de compromiso, confiabilidad e integridad entre otros.

• Competencias de niveles iniciales. Basada en el escalón de la pirámide que requiere menos especialización. Deben adquirir habilidades vinculadas con la capacidad de aprender, adaptabilidad y autocontrol, conciencia organizacional, desarrollo de las personas, dinamismo, impacto e influencia, iniciativa, liderazgo, responsabilidad, productividad, tolerancia a la presión o trabajo en equipo.
Proteger a los empleados.

Otro aspecto fundamental es la confianza y tranquilidad de los trabajadores en su entorno de trabajo, el miedo a las represalias de los superiores o las denuncias por mal comportamiento son factores que influyen negativamente. De esta forma, garantizar un canal de confidencialidad o un buzón de sugerencias desde el que informar de malas prácticas sin temor a represalias, les aportará seguridad ante sus compañeros y tendrán suficiente confianza para poner en conocimiento de los superiores cualquier conducta reprobable.

Evaluación del desempeño y comportamiento ético

En la actualidad existen numerosos sistemas que miden no solo los resultados individuales de objetivos marcados o el impacto de una campaña a través de los medios digitales, sino que además, también se pueden medir las competencias y valores de los propios trabajadores. Y esto es posible gracias a distintas acciones encaminadas a auditar internamente la ética de la organización.

Deben ponerse en marcha las guías de comportamientos observables donde desde los niveles más altos hasta los puestos de entrada quedan registrados, de forma que no existan diferencias entre la ética que se promulga en los diccionarios de valores y el comportamiento real de los trabajadores. Estos sistemas son capaces de garantizar que se cumple correctamente con los valores marcados por la empresa para promover comportamientos éticos y adecuados dentro de la organización. Para realizarlo se pueden seguir acciones como:

1. Llevar a cabo encuestas de satisfacción laboral a los trabajadores. En estas encuestas de moral podrán expresar sus quejas y sugerencias con total libertad.

2. Realizar también entrevistas periódicas que permitan conocer de cerca la ética del conjunto de los trabajadores. Además, estas reuniones permiten un conocimiento más profundo y cercano del empleado, llegando a conocer si se siente cómodo, motivado o realizado dentro del entorno de trabajo. Es un buen momento además, para incentivarlo valorando positivamente un trabajo bien hecho, de forma que mejorará su crecimiento y desarrollo laboral.

3. Medir el grado de satisfacción de los empleados mediante el absentismo laboral. Una forma muy clara de saber si se sienten a gusto y motivados, es saber si no se alejan del trabajo, es posible que pongan más excusas para no ir aquellos que estén descontentos o se sientan presionados.

4. Analizar la productividad. Cuando los empleados trabajan sin presión y felices, desempeñan mucho más eficaz y rápidamente su labor, de forma que la producción es un claro indicador de un ambiente laboral adecuado o por el contrario, desestructurado y poco colaborativo.

5. La rotación de los trabajadores. Observar si es baja, será una clara muestra de que están contentos con su trabajo, en cambio si esta aumenta, puede suponer que no hay buen ambiente de trabajo o buscan mejores condiciones, por lo que se hace necesario poner en marcha las acciones oportunas.

En resumen, los distintos estudios sobre valores éticos en las empresas han venido a ratificar que los empleados que se encuentran en entornos laborales favorables y cuentan con una buena base ética, consiguen no solo estar más motivados y concentrados en sus funciones sino que además, se involucran mucho más en las empresas, renunciando a una perspectiva individualista y trabajando en la defensa de todo el equipo. Así, las normas éticas deben plantearse como una herramienta más al servicio de las compañías, para mejorar en competitividad, innovación y confianza.

Por Jesús Gómez

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