Las personas con cierta edad y experiencia llegan a añorar los días en que el tráfico en la ciudad era menor, en el que se podía jugar en la calle, en la que compartir una paleta o un dulce no implicaba preocupación alguna con temas de contaminación, en el que no existían los teléfonos celulares y los padres sabían en donde se encontraban sus hijos y se confiaba en la palabra y el compromiso de la hora de llegada, en la que en las empresas se conocía por nombre a todos y cada uno de los trabajadores, a los proveedores y clientes; en donde el resultado de las empresas estaba claro para todos y no se desarrollaban estrategias fiscales para generar procesos de engaño al fisco, a los trabajadores, a la sociedad y al país.

Sin embargo, todo ha cambiado. Ha cambiado la tecnología, hoy no podemos “vivir” sin un celular o una Tablet, los padres se comunican con los hijos vía Facebook o por whatsapp. La relación entre muchos de los novios es de “amigos con derechos”, aunque estos derechos no implican ninguna responsabilidad u obligación. La velocidad de respuesta en los negocios se ha modificado, ahora deseamos que los Retornos sobre la Inversión se realicen en tiempos muy cortos, no consideramos generar planes de carrera para los colaboradores ya que “como existe mucha mano de obra, no importa el retener a los talentos”. No hacemos ni planes de vida ni planes de carrera. Ya no hablemos de planes de ahorro…

Pero todo esto que está sucediendo en el mundo, hoy y ahora, afecta radicalmente a las empresas.

Nos guste o no, las empresas –hasta ahora- están formadas en su mayoría por personas, las cuales tienen necesidades y objetivos diferentes y que no necesariamente van a coincidir con los objetivos que tiene la empresa. Las personas llegamos a las organizaciones con valores propios, en teoría obtenidos del seno materno, de la familia. Pero como ahora, desgraciadamente cada día tenemos más familias disfuncionales en donde los hijos no son atendidos con principios y valores, entonces esto repercutirá necesariamente en el proceso social de la empresa.

En estos momentos están luchando, sí luchando, dos o tres generaciones en las empresas, con pensamientos, comportamientos, visualizaciones de la vida y los negocios diferentes. Las generaciones de los baby boomers, que fueron educados bajo principios de obediencia, visión y compromisos a largo plazo, en donde ser colaborador de una sola empresa por 25 o 30 años era lo más adecuado. Después tenemos a los nacidos en los años 70´s y 80´s en donde existe toda una mecánica del cambio, para ellos los movimientos sociales son muy importantes, en donde la comunidad es más importante que la persona. Llegamos al final a los Millenians,  nacidos en los 90´s y a la fecha pero que en las empresas no toleran presiones extremas, cambian constantemente de trabajo, son altamente tecnificados, y al mismo tiempo poco sociables así como con muy bajo nivel a la frustración.

Hoy en día, en las empresas tenemos que trabajar con estas generaciones diferentes, pero además hacerlas convivir y funcionar adecuadamente.

Hoy, uno de los grandes retos de la Dirección es el poder hacer que todas las generaciones vayan, a pesar de sus individualidades y de sus características, en un camino común que ayude a la empresa a competir internacionalmente.

La función del director ha crecido y se ha hecho más compleja ya que ahora además de hacer que la empresa obtenga utilidades, que cumpla con su responsabilidad social, mantener en el tiempo a la empresa con sus accionistas, por los accionistas y a pesar de ellos; y hacer crecer a todos los colaboradores, ahora tiene que cuidar a todo su talento. El director tiene que analizar cómo con tantos pensamientos encontrados, retiene al talento en la organización, contento, motivado y con visión a largo plazo.

La empresa que triunfan se preocupan seriamente por su gente, las respetan y reconocen sus diferencias. Todos servimos para algo, pero no todos servimos para lo mismo.

¿Y Usted, qué hace?

Anuncios