La gente y la organización son inseparables; usted no puede valorar su organización sin valorar la gente que está en ella. Usted no puede esperar que su gente esté enfocada en el cliente o comprometida con la calidad, o que busque mayor responsabilidad, a menos que la valore tanto como valora lo que produce, no importa qué sea.

Aún no conozco a una empresa que contrate a las personas pensando en despedirlas. Entonces cómo realmente valoramos a nuestro talento dentro de la organización?

Cómo valoramos a la gente es algo que se nota en cómo la contratamos y cómo la despedimos, es nuestro compromiso con el entrenamiento y el desarrollo, en la igualdad de oportunidades, los pagos, los beneficios, todos los componentes usuales de la tarjeta de registro de recursos humanos.

La gente busca un propósito para pertenecer a una organización, sin embargo, realizamos poco esfuerzo para explicarles una y otra vez a nuestra gente la visión de la empresa, el propósito de ella y cuál es su plan de carrera dentro de la organización.

Nos interesa mucho que aprendan los conocimientos técnicos, que sepan contestar adecuadamente un teléfono o una carta, pero no nos preocupa estar atentos a sus necesidades personales de crecimiento. Aún más importante, sin embargo en la empresas u organizaciones, es cómo delegamos y compartimos la responsabilidad, cómo distribuimos el liderazgo.

Podemos valorar a nuestra gente como un “factor de producción” reemplazable o como un activo renovable que debe desarrollarse y cultivarse.

La elección es cosa nuestra.

 

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