“La gratitud se asocia con la capacidad de apreciar día a día, una y otra vez, con nueva frescura e ingenuidad los bienes básicos de la vida con placer, asombro, respeto, sobrecogimiento, e incluso éxtasis. El agradecimiento deriva de un sentimiento de placer, inspiración y fuerza hasta sobre las ocurrencias más mundanas. La habilidad para experimentar y expresar gratitud es esencial para mantener la salud emocional.

La palabra gratitud deriva del latín gratia = gracia, gracioso, agradecido. La psicología la ve como un estado emocional placentero que se relaciona con emociones positivas como la amabilidad, la generosidad, la belleza de dar y recibir o de obtener algo por nada y con los regalos. La filosofía moral y la teología la ven como una virtud moral.

La gratitud es también un afecto moral que se fundamenta en la empatía: es decir, para sopesar el valor del don recibido, el receptor debe identificarse con el estado psicológico de quien lo otorga y percibirlo como algo que se ofrece libremente, un derivado importante de la capacidad para el amor. Aquí subyace la apreciación de la bondad de los demás y de uno mismo. Es una actitud interior que no depende de las circunstancias de la vida.

Una de las principales causas del sufrimiento y la tristeza es dar por sentado que merecemos todas las bendiciones que hemos recibido, como si tuviéramos derecho a ellas y no como lo que son: un don, un regalo por el que debemos sentirnos agradecidos.

Por contraste, la ingratitud es el fallo para reconocer la bondad de los demás. La persona ingrata responde con resentimiento, hostilidad o indiferencia. También puede representar un defecto caracterológico que deja secuelas emocionales negativas de rechazo, depresión, enojo, ansiedad y culpa, cuando no somos capaces de darnos cuenta del don recibido.

Las personas ingratas suelen ser narcisistas, se dan a sí mismas excesiva importancia; son arrogantes, vanidosas, con hambre insaciable de ser admiradas. Se creen merecedoras de derechos, privilegios y favores especiales sin asumir responsabilidades recíprocas, se enojan cuando los demás no se conforman a sus deseos y son insensibles a las necesidades de los demás.

Las estructuras sociales formales como la ley y los contratos sociales son insuficientes para regular la reciprocidad que debe darse ante un intercambio de bienes, y empuja a quien los recibe a sentirse obligado con el benefactor sin que haga falta una coacción externa de tipo legal.

La gratitud conecta a la gente con redes sociales más amplias y con personas que, aunque no conozcamos directamente, nos parece que han proporcionado algún tipo de beneficio a la sociedad. Por ejemplo los artistas, políticos o poetas. Además es una virtud “civil” vital porque estimula la conducta moral que motiva la preocupación por los demás. Es la memoria moral de la humanidad necesaria para que la sociedad se mantenga cohesionada y le proporciona una fuente de estabilidad social.

Practicar la gratitud como una disciplina espiritual –terapia de agradecimiento-, se ha utilizado para curar el materialismo excesivo y las emociones negativas que produce, como la envidia, la avaricia, el resentimiento, la decepción y la amargura.

Un hombre desagradecido, envidioso y quejumbroso se inutiliza a sí mismo. Sólo se enfoca en lo que él no tiene y particularmente en lo que tiene alguien más. Con esta actitud tiende a envenenar su mundo.

La gratitud permite experimentar otras emociones positivas como la empatía y la humildad, e inclina a hacer un examen moral de la propia vida con mayor sinceridad y determinación.

Los cínicos pueden argumentar que es muy fácil ser agradecidos cuando alguien nada en la abundancia, pero se ha comprobado que la gente que enfrenta situaciones difíciles suele ser agradecida, y cuando su actitud es sincera, se constituye en el medio para transformar las tragedias en oportunidades de crecimiento.

Los individuos agradecidos no son ingenuamente optimistas, ni se encuentran bajo una especie de ilusión que los lleva a pensar que no existen el sufrimiento y el dolor. Más bien son quienes conscientemente han optado por extraer beneficios de la adversidad, y uno de los mayores beneficios es percibir la vida como un regalo, lo que les permite estar menos a la defensiva y más abiertos a la vida. La gratitud da un sentido a la vida que permite encapsularla como un don.” **

Corolario personal:

Los empresarios y los colaboradores deben de estar agradecidos unos con los otros, ya que  en conjunto  logran los objetivos y metas tanto  personales, familiares  como corporativas.

No tiene objeto insultar, gritar o  amenazar a los colaboradores. Los primeros que se denigran son aquellas personas que emiten los insultos.

Ahora bien: ¿Es usted Agradecido o Ingrato con la vida, su familia, sus compañeros, sus colaboradores, sus proveedores y con Usted?

** Notas tomadas del artículo de la Revista Itsmo No. 304 escrito por la Dra. Ma. Beatriz Quintanilla Madero, Médico psiquiatra y profesora de la Escuela de Medicina de la Universidad Panamericana.
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