Alguna persona tiempo atrás me comentaba que la ética en los negocios no es rentable. Que lo que importaba era la obtención de utilidades a cualquier costo y bajo cualquier circunstancia.

Imagine Usted por un momento que al solicitar un platillo en un restaurate de prestigio, sin saberlo, le sirvan la guarnición de otro plato que dejó otro comensal, con el argumento de que “no lo tocó”.

Desde el punto de vista de los requisitos de calidad del producto, este establecimiento no está cumpliendo con las especificaciones técnicas del producto o servicio que ofrece. Es tanto como mezclar dos tipos de platos fuertes, pensando que el cliente no se dará cuenta al consumirlos.

Los procesos éticos se basan en los valores de la organización, mismos que emanan de los accionistas y los directivos de la misma.  Si la empresa enseña a sus colaboradores a hacer trampa, entonces ¿cómo espera que las personas que trabajan en la empresa sean leales, honestos, con visión a futuro y que no hagan trampa?

“La empresa, actor fundamental en esta época, debe poner el ejemplo al aplicar una cultura ética que, desde su ADN, impregne a todas las áreas, para que al compartirse, se vuelva viral y contagiosa como en las redes sociales. Una correcta cultura ética se concibe, no como la obligación de no hacer nada malo, sino de hacer mucho bien. Así se convierte en auténtica diferencia competitiva.” (Ibarra Ramos)

La empresa debe de cumplir con la promesa realizada al cliente y mercado, debe de cumplir con las especificaciones de producto, sin engaños ni prebendas. Engañar al mercado es tener una visión miope y a corto plazo, ya que los clientes se cobrarán este engaño dejando de consumir los productos o servicios que ofrecemos. Y luego nos preguntamos por qué nuestras ventas y participación del mercado están disminuyendo?

“La Ética crea una diferencia competitiva difícil de igualar porque fideliza al cliente. Estaríamos muy satisfechos si tuviéramos la tranquilidad de que nuestro banco siempre piensa en nosotros antes que nada.” (Iván Escoto)

Para poder instituir en la empresa la cultura de la integridad es requisito indispensable vivirla. Vivirla en casa, como persona, con la familia, con los colaboradores, con los proveedores, con los clientes, etc. Si no es así, entonces estaríamos enviando un mensaje de que la Ética está reservada solamente para grandes decisiones, siempre y cuando estas decisiones me den una ventaja al tomarla.

“Al crear conciencia de los problemas éticos, enseñar a la organización a dialogar sobre ellos y luchar para que se interioricen en la cultura, se forja un ambiente que ayudará a evitar comportamientos erróneos y generará empatía con la cultura que se pretende vivir”. (Ramos y Escoto)

Sin embargo hay que entender que los procesos para crear una cultura llevan tiempo; son decisiones repetidas que van dejando huella hasta que se puede decir: éste es el modo como hacemos las cosas aquí.

El actuar éticamente en la empresa es un gran negocio, ya que genera confianza en la organización hacia adentro y afuera, reduce la rotación de personal, se enfoca a la obtención consistente y permanente de los resultados corporativos, fortalece y favorece la creación y establecimiento de un gobierno corporativo, da mejor presencia en el mercado, fortalece la o las marcas, permite que las personas crezcan y sean cada día mejores.

El actual empresarialmente sin ética, llevará inevitablemente al fracaso y muy probablemente al cierre de la organización tarde o temprano.

¿Y Usted, cómo actúa en su posición directiva?

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