Las empresas pasan por varios ciclos o etapas tanto económicos como de operación a lo largo de su historia.

Cada una de estas etapas se caracteriza con el crecimiento de la compañía así como el establecimiento de la filosofía, valores, objetivos y estrategias empresariales. Es frecuente que los objetivos y estrategias se modifiquen en cada una de las etapas del ciclo de la empresa.

Debemos de considerar que no existe un número de años determinado para cada empresa, depende de la madurez del emprendedor y de la organización para ir dando pasos firmes y sustentables.

La etapa I se caracteriza por la puesta en marcha del negocio gracias a un emprendedor.

Recordemos que el emprendedor siempre está pensando en el futuro ya que para él es el presente vivo. De no hacerlo así, sería un ejecutivo de la empresa, no un emprendedor. En esta primera etapa, el emprendedor forma la idea, analiza el mercado y se lanza a la aventura solo. Eso sucede la mayor parte de las veces, aunque se forme una sociedad.

Para el emprendedor, el proyecto es: su vida, su circunstancia, su todo.

En la etapa II, la operación y crecimiento propios del sueño, de la empresa, obliga al emprendedor a buscar ayuda para poder sostener la operación, crecer en participación de mercado o realizar el control administrativo del negocio.

Es común es esta etapa, que el talento buscado sea aquel al que le tiene confianza inicialmente. Así es como se busca a elementos de la familia, primos, amigos o compañeros de escuela.

En esta etapa, el emprendedor toma, al igual que en la Etapa I y II, todas las decisiones del negocio, para bien o para mal. Es el «Rey Sol».

Etapa III. En estos momentos de la empresa, existen dos serios conflictos dados por el tiempo del desarrollo de las empresas y la familia.

Es en esta etapa, en donde el Emprendedor inicia la búsqueda de profesionales que atiendan áreas específicas de la empresa, es aquí, en esta etapa, en donde se planean estrategias iniciales de consolidación de la compañía y se piensa que ya se ha dado un paso grande para este tema –institucionalización- dado que se tiene presencia en uno o varios mercados y la marca de la empresa tiene cierta relevancia en los mercados.

Sin embargo, es aquí, dado el tiempo de crecimiento de la familia, que los hijos y esposa desean participar en la operación de la o las empresas sin necesariamente estar preparados para ello. «La visión inicial se modifica».

Llegar a la Etapa IV es quizás el mayor reto que existe en las empresas: La Institucionalización.

En esta etapa, no sólo se tiene una Dirección General definida, que no necesariamente es miembro de la familia, sino que se han desarrollado direcciones operacionales, gerencias y áreas operativas.

El Emprendedor, toma el papel, en ocasiones, de Presidente de Consejo y se crea un Consejo de Administración y un Concilio Familiar. En esta etapa, el Emprendedor deja de ser «El Rey Sol» para dedicarse a la apertura de nuevas oportunidades para la empresa o grupo pero dejando la operación en manos de profesionales.

Para esta fecha se ha desarrollado perfectamente un protocolo familiar, un Consejo de Administración y se tiene una claridad sobre los objetivos estratégicos de cada Unidad de Negocio o empresa.

Es en esta etapa en donde verdaderamente se consolida el esfuerzo de una vida del emprendedor o en donde se pierde todo y se cierra o vende la empresa.

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