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Se sabe que el término administración de la cadena de suministro (ACCS) se integró al vocabulario de los directores ejecutivos, de finanzas, de operaciones y de información durante la década de 1990. La dinámica del entorno se modificó de manera drástica durante ese decenio y las organizaciones han tenido que adaptarse o perecer.

Hay cinco fuerzas externas fundamentales que al parecer conducen el ritmo del cambio y dan forma a nuestro panorama económico y político: la globalización, la tecnología, la consolidación organizacional, el consumidor con facultades para tomar decisiones y las políticas y regulaciones gubernamentales. El impacto de esos factores varía de un sector a otro, pero todos son vitales. Otras fuerzas externas también afectan a algunas organizaciones, en especial en los sectores públicos y sin fines de lucro.

El quinto factor externo son los niveles de gobierno (federal, estatal y local) que establecen y administran las políticas, las regulaciones y los impuestos que afectan los negocios y su cadena de suministro. La desregulación de varios sectores importantes de la economía registrada en las décadas de 1980 y 1990 es un buen ejemplo. Entre los sectores desregulados se encuentran el transporte, las comunicaciones y las instituciones financieras, que son los pilares de la infraestructura en la mayoría de las organizaciones.

A finales de la década de 1970 y principios de la década de 1980 la industria del transporte en Estados Unidos experimentó una desregulación a nivel federal en términos de controles económicos, como las tarifas y las áreas de servicio. El efecto neto fue que los servicios de transporte se compraban y vendían en un entorno mucho más competitivo. Los resultados con frecuencia eran los precios más bajos para los usuarios y el servicio mejorado. Los transportistas y expedidores pudieron negociar y modificar sus operaciones para lograr que fueran más eficientes y que sus precios disminuyeran. Nuevos transportistas incursionaron en el mercado, en especial en la industria del autotransporte, lo que aumentó la competencia. Ciertos sectores se consolidaron con fusiones y adquisiciones; los más notables fueron el ferroviario y el aeronáutico. Los auto-transportistas pudieron brindar más que sólo servicios de transporte; muchos, por ejemplo, se proclamaron empresas de servicio logístico y ofrecieron algunos como cumplimiento de pedidos, administración de inventarios y almacenamiento. También actuaron de manera decidida en el nuevo entorno de negocios en el que el outsourcing y las sociedades son ventajas estratégicas potenciales.

El sector financiero también experimentó desregulaciones a nivel federal. Las distinciones entre la banca comercial, las asociaciones de ahorro y préstamos y las uniones de crédito han desaparecido a medida que se ha permitido a estas instituciones ampliar su gama de servicios. Los mercados financieros se han vuelto más competitivos y, al igual que el sector de la transportación, son más sensibles a las necesidades de los clientes. Las compañías de seguros y corretaje también se han visto afectadas por la desregulación de la industria financiera en general, y ofrecen servicios similares a los de los bancos y viceversa.

La desregulación de las instituciones financieras ha fomentado los cambios en la forma de operar de las empresas. Por ejemplo, la posibilidad de invertir efectivo al final del día en el mercado de dinero nocturno por períodos de 6 a 10 horas ha causado que las empresas tengan mayor conocimiento del valor de la liquidez y la reducción de activos, y en especial del inventario. Las transacciones de pagos para los compradores y vendedores también han cambiado de manera radical con las alternativas de prácticas financieras que brindó la desregulación. Las tarjetas de compra que utilizan muchos departamentos de aprovisionamiento para los artículos de mantenimiento, reparación y operación (MRO; maintenance, repair and operating) son ejemplos de las eficiencias que la desregulación ha hecho posible. Esto ha contribuido al enfoque en el flujo del que ya se habló. Es preciso observar que existen algunos aspectos negativos asociados con la desregulación financiera que contribuyeron, a modo de ilustración, a la Gran Recesión de 2008 – 2010.

La industria de las comunicaciones también se ha hecho más competitiva. El escenario ha cambiado debido a la decisión de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos de dividir el sistema telefónico de AT&T y Bell en varias empresas regionales; separó las “líneas largas” de AT&T y las hizo accesibles a otras que deseaban vender servicios telefónicos, como Sprint. Al igual que las dos industrias que se han mencionado en párrafos anteriores, la de las comunicaciones ha experimentado cambios importantes, y hay más por venir ahora con la integración de los servicios relacionados como la televisión por cable, el teléfono, las computadoras y el aceceso inalámbrico a la red. Las comunicaciones son el centro de la revolución tecnológica que está modificando las prácticas de interconexión de personas y negocios.

Las empresas y la población consumidora en general han sentido el impacto de numerosos cambios en esta industria, desde los teléfonos celulares y los localizadores, hasta el correo electrónico, los mensajes de texto, los tweets y la internet. La eficiencia y la eficacia de las comunicaciones han generado importantes mejoras y oportunidades en la logística y las cadenas de suministro. Algunos ejemplos son la visibilidad de activos, la rápida respuesta de reabastecimiento, la programación optimizada del transporte y el ingreso inmediato de pedidos, entre otros. Las prácticas relativas a las cadenas de suministro se han perfeccionado, lo que tiene como consecuencia costos menores y un mejor servicio al cliente. Algunas personas afirman que se espera algo aún más positivo cuando arribe la tecnología de identificación por radiofrecuencia (RFID, radio-frecuency identification) y otras relacionadas con la cadena de suministro.

Notas del libro Administración de la cadena de suministro de Gibson.

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