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Se sabe que el término administración de la cadena de suministro (ACCS) se integró al vocabulario de los directores ejecutivos, de finanzas, de operaciones y de información durante la década de 1990. La dinámica del entorno se modificó de manera drástica durante ese decenio y las organizaciones han tenido que adaptarse o perecer.

Hay cinco fuerzas externas fundamentales que al parecer conducen el ritmo del cambio y dan forma a nuestro panorama económico y político: la globalización, la tecnología, la consolidación organizacional, el consumidor con facultades para tomar decisiones y las políticas y regulaciones gubernamentales. El impacto de esos factores varía de un sector a otro, pero todos son vitales. Otras fuerzas externas también afectan a algunas organizaciones, en especial en los sectores públicos y sin fines de lucro.

Después de la Segunda Guerra Mundial los fabricantes de productos se convirtieron en la fuerza motriz de las cadenas de suministro: desarrollaban, diseñaban, producían, promovían y distribuían sus productos. Con frecuencia eran las organizaciones más grandes en dichas cadenas en términos de volumen de ventas, empleados, poder adquisitivo y ubicaciones, entre otros aspectos. Por lo general ejercían su influencia en toda la cadena a su propia conveniencia económica, en especial en la distribución de sus productos.

Durante la década de los 80´s. y en especial en la de los 90´s, ocurrió un cambio importante en el poder económico relativo de muchas cadenas de suministro a medida que crecían los minoristas masivos. Gigantes como Walmart, Sears, Kmart, Home Depot, Target, Kroger y McDonaldps se convirtieron en poderosos líderes de mercado y motores de cambio. Walmart por ejemplo, fue la empresa número uno en la lista Fortune 500 a mediados de la primera década del siglo XXI. Superó a Ford, General Motors y Exxon Mobil con más de 500,000 millones de dólares en ventas anuales y como el empleador más importante en muchos estados de la unión americana.

Si bien otros minoristas no son tan grandes como Walmart, su tamaño y su poder adquisitivo han aumentado en gran medida. Un aspecto importante del desplazamiento del poder económico hacia el extremo de las ventas al menudeo de la cadena de suministro radica en que muchas empresas de productos de consumo se encuentran que 15 ó 20% de sus clientes representan 80 ó 70% de sus ventas. Walmart, pos sí solo, representa más de 10% de las ventas totales de este segmento. Si fuera un país, sería el octavo socio comercial más importante de China. Este fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos; una lista de los 10 principales minoristas globales incluiría a Carrefour, Metro, Ahold y Tesco, que tienen su sede corporativa en otros países.

Como era de esperarse, los minoristas más grandes acordaron condiciones especiales con empresas de productos de consumo. Por ejemplo, los servicios de distribución a la medida se otorgan en entregas programadas, en tarimas para productos múltiples (arreglos mixtos de productos o unidades de registro de almacenamiento 8SKU, del stock-keeping units)), avisos anticipados de embarque (ASN, Advance shipment notices), tarimas con productos envueltos en películas plásticas, etc. Estos servicios permiten a los minoristas operar con mayor eficiencia y eficacia. El tamaño de estos últimos también ofrece economías de escala (lo que se traduce en ahorros de costos) para los productores. Esto es benéfico para ambas partes, además de que los ahorros se trasladan al cliente final: el consumidor.

Además de servicio a la medida, el minorista puede recibir servicios de valor agregado como el inventario administrado por el proveedor (VMI, vendor-managed inventory). En esencia, este servicio implica que el fabricante administrará el inventario de sus productos (y quizá de los productos relacionados) en el almacén del minorista, y asumirá la responsabilidad de reordenar y despachar según sea necesario. El fabricante también puede contar con un representante en los almacenes especificados por el minorista, con el fin de garantizar la entrega exacta y oportuna de los productos. En consecuencia, el minorista debe tener costos más bajos relacionados con la logística de entrada, y el fabricante deberá compensar este costo adicional con el mayor volumen de ventas (menor tasa de agotamiento de existencias, más pedidos completos, etc.) debido a la información exacta y oportuna de los pedidos de producto a nivel de tienda.

Por último, entre las organizaciones se practica una colaboración mayor en las cadenas de suministro para lograr ahorros de costos mutuos y mejorar el servicio al cliente. Por ejemplo, compartir los datos de punto de venta es una herramienta colaborativa muy poderosa para mitigar el llamado efecto látigo en la cadena de suministro, lo que reditúa múltiples beneficios entre quienes participan. La planificación y los pronósticos colaborativos para el reabastecimiento entre los miembros de la cadena pueden utilizarse para reducir el agotamiento de existencias y atenuar la reacción excesiva ante los vaivenes en los niveles de demanda. Las empresas aplican cambios sencillos sin ningún costo adicional gracias a la colaboración, lo cual permite a sus proveedores y clientes reducir sus gastos.

Notas del libro Administración de la Cadena de Suministro de Coyle

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