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Hay cada vez mayor evidencia de la importancia de estos ecosistemas para la creación de nuevas empresas que impulsan la innovación y la competitividad de las economías. Cada vez más gobiernos no sólo observan el fenómeno, sino tratan de imitarlo e insertarlo con la más alta prioridad en la lista de sus políticas públicas. Sin embargo, para crear y mantener de manera exitosa un ecosistema emprendedor, hay que entender la lógica de su funcionamiento, los jugadores que lo integran y sus roles, así como los principios sobre los que se basan.

De acuerdo con Feld, describe un marco con cuatro condiciones clave:

1. Los emprendedores deben ser los líderes de la comunidad emprendedora.

Este es un principio fundamental; cualquiera de los componentes sociales del ecosistema que quiera tomar el mando, el liderazgo, en la formación o conservación del ecosistema, acabaría por atentar contra su propia naturaleza y contra el fenómeno mismo del emprendimiento.

Si las universidades quisieran tener el rol protagónico, fracasarían, porque el emprendimiento empresarial no es parte de su esencia; si la comunidad científica decidiera emprender por su cuenta, con base en sus investigaciones y desarrollos, muy probablemente el resultado sería muy pobre por su falta de sentido de negocio; si el gobierno quisiera dirigir a los emprendedores, también atentaría contra la naturaleza misma del emprendimiento y quedaría envuelto en una trama burocrática; si las grandes empresas quisieran cooptar y apropiarse de los emprendedores, acabarían con el espíritu esencial de los mismos y los convertirían en asalariados; si los fondos de capital de riesgo tomaran por sí solos la dirección y la gestión de los emprendimientos, podrían tener algún éxito, pero al perder a los emprendedores perderían la capacidad de replicarlo.
Aun con los riesgos relativos a la juventud e inexperiencia de muchos emprendedores al inicio de su carrera, son ellos los que tienen que liderar los esfuerzos. En ellos se encuentra el motor y la motivación, la frescura para entender las necesidades de una nueva generación de clientes, de la que ellos forman parte, la capacidad de innovar y la resiliencia para reponerse eventualmente de los fracasos.

2. Los líderes deben tener un compromiso de largo plazo.

Los emprendimientos de alto impacto no son ocurrencias, requieren de tiempo para su maduración. Feld dice en su libro que se requiere, desde el principio y también después, un horizonte de al menos veinte años. Por esto, los emprendedores, los verdaderos líderes de estas comunidades, tienen que hacer del emprendimiento una opción de vida. No es como una carrera o como una etapa, es una forma de vida. Esto se repite con claridad en las descripciones que hacen los diversos autores sobre las características distintivas del emprendedor.

3. La comunidad emprendedora debe ser incluyente para cualquiera que desee participar en la misma.

La apertura y la inclusión son características básicas de un ecosistema emprendedor efectivo. No se podría entender a un ecosistema permanentemente innovador si estuviera cerrado a un grupo original, por más capaz que éste sea. En distintas prácticas, que se describirán más adelante, como la de Chile, no sólo se abre el sistema a la participación de otros, sino que se fomenta que emprendedores provenientes de otros países participen para dar un sentido de globalidad a las acciones.

4. La comunidad emprendedora debe tener continuamente actividades que mantengan involucrados a todos sus miembros.

Un ingrediente fundamental para construir y mantener unida a una comunidad emprendedora son las reuniones, de cualquier tipo, que no sólo permiten sino que impulsan el intercambio entre los emprendedores y con los otros miembros del ecosistema: mentores, incubadoras, grandes empresas, etc. En el Valle del Silicio, prácticamente todos los días hay eventos que facilitan esta interacción, lo mismo sucede en Boulder y en cualquiera de las comunidades emprendedoras exitosas. Este “contagio” continuo y mutuo de ideas, entusiasmo y toma de riesgo genera la energía necesaria para mantener en movimiento y en evolución a estas comunidades.

Nosotros agregaríamos a la tesis de Feld una quinta condición clave, que probablemente no sea la quinta sino la primera: Las empresas (los nuevos emprendimientos no son la excepción) existen y subsisten porque son capaces de identificar una necesidad en sus clientes y encuentran una mejor forma de satisfacerla que sus competidores.

No se trata de pedir a los clientes que diseñen un producto o un servicio; como decía Henry Ford: “Si le hubiera preguntado a la gente que quería, me habría dicho que un caballo más rápido”. Se trata de entender las necesidades y conectar los puntos con las infinitas nuevas posibilidades que abre la tecnología.
Imaginemos por un momento las necesidades asociadas con los millones de personas que viven en condiciones de pobreza, no sólo en nuestro país sino en el mundo. Pensemos, por ejemplo, en las personas que viven en la periferia de las grandes metrópolis como Sao Paulo, Nueva Delhi o la Ciudad de México, que dedican cada día dos o más horas para transportarse de su casa a su trabajo y otro tanto de regreso. ¿Qué se puede hacer para minimizar esos trayectos? ¿Cómo puede la tecnología llevar las labores productivas y remuneradas a la casa? O bien ¿cómo puede aprovecharse el tiempo de traslado para hacerlo productivo? Detrás de éstas y otras preguntas hay inmensas oportunidades que los emprendedores pueden convertir en empresas.

Notas de IMEF.

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