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Nuestro país enfrenta muchos y muy diversos retos. Sin embargo, el de mayor trascendencia es el que se refiere a ampliar nuestra capacidad de generación de riqueza, de manera que se permita incluir en un México próspero a los millones de mexicanos que están actualmente excluidos y que viven en condiciones de pobreza. Este es el reto principal de esta generación. La oportunidad radica en que contamos con una población joven y un bono demográfico que, bien utilizado, puede hacer viable el cambio requerido. Este proceso requiere de la participación y el esfuerzo de todos los sectores y también exige una clara estrategia en donde se defina una visión y se establezcan prioridades nacionales claras.

Una de estas prioridades debe ser ampliar significativamente el número y la calidad de las empresas del país. No se trata solamente de “arropar” a las pequeñas empresas, que forman una parte sustantiva de nuestra capacidad económica, sino de propiciar, fomentar y cuidar los emprendimientos de alto impacto. Aquellos que después de haber nacido pequeños pueden hacer la diferencia, no sólo en la condición económica del emprendedor, sino también en su entorno local, regional, nacional e incluso global.

Es importante diferenciar entre un negocio pequeño tradicional y un emprendimiento de alto impacto. Los negocios pequeños tradicionales tienen un lugar y un peso significativo en la economía de los países, y México no es la excepción. Aquí se incluyen los pequeños comercios, talleres y otro tipo de establecimientos que nacen pequeños y así se mantienen mientras subsisten. Resultan de valor para las personas y las familias y, si son legales y formales, también para la economía en su conjunto.

De acuerdo con Marcus Dantus, emprendedor y director de Wayra México: “Las empresas de alto impacto son empresas de reciente creación, generalmente asociadas a alguna innovación y con un alto y evidente potencial de crecimiento. Son usualmente ideas que se generan en respuesta a alguna necesidad patente que resuelven de una manera diferenciada a las soluciones actuales, proveyendo de mayores beneficios a sus clientes” (Dantus, 2013). Continuando con este autor: “Para ser exitosas, requieren de una estrategia clara y una detallada planeación financiera que les permita conseguir capital para acelerar su crecimiento”.
Hablamos entonces de negocios con un enorme potencial de crecimiento y de generación de empleo, en mucho casos con una base tecnológica y que tendrán impactos relevantes en la economía. Algunos de los ejemplos exitosos más conocidos son Apple, Microsoft, Google, Facebook, etc. Estas empresas son, hoy en día, inmensas corporaciones de alto valor para la economía. Algún día, hace pocos años, fueron simplemente una idea y luego un emprendimiento. En paralelo con estos ejemplos conocidos por todos, hay muchos otros casos exitosos y también miles de fracasos. Ideas que empezaron a ser empresas y que, finalmente, desaparecieron, implicando pérdidas para los emprendedores y para los inversionistas. El riesgo en este terreno es muy alto y es parte esencial de la naturaleza de los emprendimientos. El beneficio generado por los que logran el éxito, en su conjunto, sobrepasa enormemente las pérdidas de los fracasos.

Los emprendimientos de alto impacto no se dan de manera aislada, ni son obra de la casualidad. Para que la actividad económica de un país o una ciudad se vea positiva y significativamente impactada por un número importante de nuevos emprendimientos, se requiere de la generación de un ecosistema de emprendimiento.

En este terreno sucede lo que en el deporte o en las artes. Las estrellas no se dan aisladas, para sobresalir se requiere un enfoque de largo plazo, sistemático, que promueva la actitud y la acción emprendedora, que genere muchas acciones de emprendimiento; unas serán medianamente exitosas, pocas muy exitosas y otras, la mayoría, fracasarán. Estas últimas son importantes también, porque habrá que aceptarlas y aprender de ellas.

La creación de un ecosistema de emprendimiento no puede lograrse por decreto. La lógica de los ecosistemas de emprendimiento exitosos corresponde a la nueva estructura social y tecnológica del mundo contemporáneo: no es jerárquica sino más bien de redes. Brad Feld, en su libro Startup Communities, dice: “La red domina tanto en el mundo en línea como en el físico. A través de la red hay nodos y cada uno de ellos empieza con un emprendimiento…La energía, la actividad y la innovación en sociedad están dispersas a través de la red y concentradas en lugares inesperados…En el mundo físico, mucha de esta energía, actividad e innovación ocurre en pequeñas regiones geográficas que yo llamo Startup Communities” (Feld, 2012).

Nosotros hemos denominado a estas comunidades ecosistemas de emprendimiento.

Notas de IMEF

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