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Con Alemania convertida de facto en el motor económico y en el banquero que mantiene Europa a flote, muchos países, especialmente los del Sur, vuelven su mirada hacia el Norte en busca de respuestas a sus tribulaciones económicas.

La reelección de Angela Merkel hace que muchos se pregunten qué guarda en la trastienda la canciller alemana para su tercer mandato.

Además de austeridad, reformas y recortes presupuestarios, ¿qué otras cosas podemos aprender del modus operandi alemán que contribuyan a estimular la tan necesaria recuperación económica, el empleo y el crecimiento?

Los ingredientes del éxito alemán
Entre otros factores, el éxito de Alemania es fruto de su modelo económico, su sistema educativo y sus políticas laborales, que se establecieron hace bastante tiempo y se han sabido adaptar a las circunstancias.

Como desarrolla el profesor del IESE Antonio Argandoña en el documento “El modelo económico alemán”, su modelo se basa en una economía abierta, en la que el crecimiento no proviene tanto del consumo interno como de la exportación masiva de maquinaria y tecnología.

Alemania es el tercer mayor exportador mundial y tiene empresas líderes en muchos sectores. Junto a estos gigantes globales, se estima que Alemania cuenta con 3,5 millones de pequeñas y medianas empresas, que también han resultado esenciales para generar crecimiento a través de las exportaciones.

Sin duda, el afán exportador ha beneficiado a la industria alemana. Lo ilustra una entrevista del profesor del IESE Jaume Ribera a Kasper Rorsted, CEO de Henkel, en la que este recalca la importancia y rentabilidad de los mercados emergentes para la compañía.

Paralelamente a este gran volumen de exportaciones, Alemania cuenta con un sofisticado sistema educativo, que ajusta la formación laboral a las demandas del mercado.

Además, se suele reconocer que las reformas laborales adoptadas por el Gobierno de Gerhard Schroeder hasta 2005 contribuyeron a enderezar la situación heredada tras la caída del Muro de Berlín, con lo que se ha pasado de una tasa de desempleo del 19,5 por ciento en el momento de la reunificación alemana a casi el pleno empleo en la actualidad.

Tal y como explica el profesor del IESE Sandalio Gómez en el estudio “Reforma laboral en Alemania 2002-2005”, la idea subyacente tras las reformas era que la población asumiera su responsabilidad en la lucha contra el desempleo.

Como muestra, las reformas hicieron que en la mayoría de los casos los parados dejaran de cobrar el subsidio de desempleo si rechazaban una oferta laboral, lo que supuso un cambio drástico en muchos programas de ayudas públicas.

Replicando el modelo
El hecho de seguir el ejemplo alemán suele tocar la fibra sensible del Sur de Europa, especialmente en un momento en el que muchos países consideran que añadir medidas de austeridad inspiradas en Alemania solo servirá para empeorar y perpetuar sus recesiones particulares.

Aun así, los siguientes aspectos del modelo alemán son, cuanto menos, dignos de consideración para su posible aplicación en otros países.

Internacionalización. Para un país como España, donde menos del 4 por ciento de las empresas exportan sus productos, generar un mayor volumen de negocio en el extranjero supondría un gran salto hacia adelante.

En el informe “Internacionalización empresarial: argumentos y estrategias para el directivo”, los profesores del IESE Joan Enric Ricart y Jaume Llopis muestran cómo el mercado internacional puede paliar las graves dificultades del mercado doméstico.

De todas formas, los profesores insisten en la importancia de no ver la internacionalización como una simple medida desesperada que solo se implementa cuando se desploma el mercado interno, sino como una auténtica estrategia de creación de valor.

Formación profesional. Algunos ajustes laborales pueden ser más difíciles de implementar en algunos lugares que en otros debido a las condiciones regulatorias particulares.

No obstante, mejorar el nivel de formación –aprendiendo nuevas lenguas o habilidades de gestión, por ejemplo– puede servir en el corto plazo, mientras se resuelve “el desequilibrio más notorio de la eurozona: el desempleo de los países del Sur, por un lado, y los recortes (o carencias) laborales alemanes, por otro”, sugiere Sebastian Reiche, profesor del Program for Management Development (PMD) que el IESE imparte en Múnich.

Reformas laborales. En una reciente entrevista para la revista Capital, el profesor del IESE José Manuel Campa calificó las medidas de la Unión Europea para combatir el desempleo juvenil como “muy simbólicas”, insistiendo en la necesidad de profundizar en la cuestión.

En este sentido, Sandalio Gómez considera que algunas de las reformas laborales alemanas se podrían aplicar en otros países, siempre y cuando se adapten a cada contexto local.

La clave es no interpretar la experiencia alemana como si fuera un manual, sino más bien tomar nota de lo que ha funcionado allí y comprender las causas.

Como puntualiza José Manuel Campa, sería un error imitar sin más las reformas de Schroeder. El resto de países debería más bien utilizarlas como punto de partida para alcanzar sus propias soluciones, estimulando así tanto sus economías domésticas como la de Europa en su conjunto.

En su análisis del modelo económico alemán, Antonio Argandoña insiste en este aspecto, ya que considera que cualquier reforma debe adaptarse a las necesidades y preferencias de la población de cada país, que pueden ser diferentes de las de Alemania.

En cualquier caso, lo más importante es no escudarse tras argumentos del tipo “esto nunca funcionará aquí”. Todas las culturas se encuentran en un estado constante de transformación, por lo que no tiene sentido rechazar de entrada la adopción de políticas que sí han funcionado en Alemania, especialmente si contribuyen a una mayor eficiencia, austeridad y prudencia.

Y es que no hay que perder de vista los comportamientos temerarios que han llevado a la difícil situación que vive actualmente Europa.

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