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Normalmente, el hombre de nuestro tiempo no se cuestiona los grandes temas de la humanidad, se encuentra demasiado ocupado resolviendo sus propios asuntos; su mundo se ha vuelto muy reducido. Esta actitud sin darse cuenta lo llevará tarde o temprano a enfrentarse a una serie de problemas que, al no considerarlos suyos, ha venido posponiendo (con la ilusión, tal vez, de que desaparezcan o al menos de que no le afecten) y ahora se han multiplicado.

A través de diferentes medios, hoy en día se nos plantea el inicio de una nueva era en la historia de la humanidad: el postmodernismo, que trae consigo cambios originados por fuertes desequilibrios en todos los órdenes (político, social, económico, religioso, familiar, etc.) evidenciando así que los esquemas de la modernidad para el desarrollo del hombre han quedado obsoletos. Sin embargo, pocos son los que se preocupan por lo que está pasando; la mayoría prefiere esperar a recibir noticias de cómo deberán comportarse en la nueva civilización, en lugar de tomar parte activa en su diseño. A ellos les pronosticamos que jugarán un papel de segunda en el nuevo mundo.

Esta característica de muchas personas (su pasividad), se convierte en uno de nuestros problemas más importantes justo cuando tenemos que enfrentarnos con un ambiente tan cambiante, lleno de oportunidades y amenazas, como lo son la globalización de los mercados, la recesión económica generalizada, los levantamientos sociales, la inviabilidad del “Welfare State”, etc.

Para poder responder a estos retos, deberemos echar mano de conceptos, algunos ya empolvados, que nos provean de herramientas para trabajar en la creación de las nuevas “formas” y, más importante aún, que nos brinden un nuevo marco de referencia para revisar los “principios” de nuestro actuar. Uno de estos conceptos que nos puede ofrecer un enfoque adecuado para resolver problemas sociales es el de CULTURA.

En palabras de Julián Marías, la vida humana se realiza, y antes de realizarla hay que imaginarla, hay que encontrarle un sentido. La vida, por tanto, es una interpretación de sí misma. Esta interpretación de un modo más o menos consciente corresponde a una interpretación de lo que es el hombre; a una antropología. El conjunto de interpretaciones de la vida que tienen un valor de orientación para un pueblo es lo que se llama cultura. Una cultura es, pues, un elemento de claridad; un elemento de seguridad en medio de la obscuridad e incertidumbre generales que prevalecen en la vida de los hombres.

Notas del Ing. Benito Celorio

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