Etiquetas

,

El hombre es de modo constitutivo, un ser de responsabilidades. A continuación analizaremos las implicaciones éticas que el hecho de ser responsable acarrea, sobre todo, al director de organizaciones, al empresario. Se trata de un esfuerzo por infundir en el trabajo del director de empresa, conceptos éticos que sólo pueden clarificarse a partir de un estudio filosófico de la responsabilidad. Esperamos, así, aportar un dato, a nuestro juicio relevante, a la cuestión que suele llamarse responsabilidad social del empresario, que, según se verá, nos remite siempre hacia una directa responsabilidad individual.

Responsabilidad y Libertad

La responsabilidad es una propiedad inherente a la persona que tiene dominio (libertad) sobre sus propios actos, y sólo es responsable de aquellos actos sobre los que tiene dominio. La responsabilidad deriva por tanto del carácter propio y libre de mis actos, al punto que no sólo son míos cuando parten libremente de mi, sino cuando los asumo y respondo por ellos. No habrá, pues, responsabilidad en un contexto antropológico en el que no haya actos libres, pues no puedo responder más que por aquello que depende de mi. Para una antropología en la que el hombre no rebase la condición de mero animal, cuyo comportamiento sea consecuencia fatal de sus instintos y condicionamientos, la responsabilidad carecería totalmente de sentido.

La relación entre libertad y responsabilidad es tan patente (seré responsable en la medida en que sea libre), que entre ambas realidades humanas se da una cierta relación biunívoca. Precisamente porque sólo hay responsabilidad allí donde soy libre, mi libertad se patentiza por medio del ser responsable. Decía, en efecto, Aristóteles en la Ética a Nicómaco que, si el hombre no fuera libre, sería absurdo que lo hiciéramos responsable de algo; aunque esto serviría nada menos que para demostrar que el hombre es libre. No puede concebirse una sociedad en la que no pudiéramos atribuirle a nadie ninguna responsabilidad.
Esto tiene particular importancia para quienes defendemos la libre iniciativa de emprender, considerándola como una pieza clave en el proceso social. Esta defensa, si quiere hacerse inteligentemente, podría valerse de aquel recurso demostrativo aristotélico: deberá respetarse mi libre iniciativa porque soy responsable de ella. En el concepto de responsabilidad se encuentra, hoy más que nunca, la articulación para la defensa de la libertad. Pero ya veremos que la responsabilidad, como recurso de defensa de mi libre iniciativa, está necesitada de importantes clarificaciones filosóficas.

Responsabilidad Consecuente.

El momento cultural contemporáneo parece haber reducido a una sola las varias dimensiones que implica la realidad antropológica de nuestro propio ser responsable, las cuales dan lugar a otras tantas concepciones globales éticas de la vida. De acuerdo con esto, el ser responsable se limitaría a responder por las consecuencias de mis actos, lo cual es, ciertamente uno de los sentidos más propios, aunque tal vez el más primitivo, que implica la responsabilidad. Es responsable quien asume como personales las consecuencias que derivan de sus actos propios y libres. Así, sería irresponsable quien pretendiera atribuir a otros las consecuencias de actos que no son de ellos sino, particularmente, propios. Hemos llamado a esta responsabilidad, responsabilidad consecuente.

La diversa concepción de la responsabilidad consecuente, que da origen, como veremos, a diversas concepciones éticas de la vida, se encuentra en el fondo de las ideologías actuales, y, en particular, antitéticamente, en el fondo del socialismo y del liberalismo.

Notas del Dr. Nahum de la Vega M.

Anuncios