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“Calidad de vida” solía ser un término propio de los profesionales del sector sanitario, pero hoy en día todo el mundo lo utiliza, desde economistas hasta publicistas.

Ofrecer a los potenciales empleados una buena “calidad de vida” es cada vez más importante para las empresas que quieren atraer a trabajadores con estudios superiores. Pero, ¿qué significa en realidad “calidad de vida” y cómo pueden mejorarla empresas y médicos si nadie es capaz de definir con claridad en qué consiste?

Un asunto de vida o muerte

A medida que los avances médicos han contribuido a aumentar la longevidad, el foco de atención ha ido desplazándose de la cantidad a la calidad de vida.

Si bien los científicos suelen recurrir a escalas o sistemas de puntuación para medir el dolor o cuantificar las deficiencias, los autores consideran que calcular la “calidad de vida” de esta manera puede estar fuera de lugar.

La “calidad de vida” es subjetiva y multidimensional, y abarca características positivas y negativas. Se trata de un estado dinámico que varía en función de los acontecimientos vitales: la pérdida de un trabajo, una enfermedad u otros trastornos pueden cambiar la definición propia de “calidad de vida” de forma rápida y radical.

Aunque medirla puede resultar difícil, la precisión es de extrema importancia, especialmente en el ámbito sanitario, que con frecuencia toma en consideración la “calidad de vida” a la hora de decidir si un paciente crítico necesita una intervención médica o no. Así, contar con una definición precisa no es una mera cuestión nominal, sino que reviste una importancia ética.

En busca de una definición

Un análisis de la literatura académica de los últimos veinte años muestra que aún estamos lejos de una definición clara, precisa y unánime. Y es que, frecuentemente, los investigadores ni siquiera intentan definir el concepto, usándolo más bien como un simple indicador. En las diferentes referencias al concepto de “calidad de vida” aparecen una serie de ideas y elementos:

• La satisfacción vital, un elemento subjetivo y variable.
• Factores multidimensionales que pueden incluir la salud física, el estado psicológico, el nivel de independencia, la familia, la formación, el dinero, las creencias religiosas, el optimismo, los servicios locales y de transporte, el trabajo, las relaciones sociales, la vivienda y el entorno.
• Las perspectivas culturales, valores, expectativas personales y objetivos vitales.
• El bienestar físico, mental y social, que va más allá de la mera ausencia de enfermedades. Los autores insisten en la necesidad de equipos médicos multidisciplinares que puedan desarrollar una perspectiva sobre las necesidades psicosociales y no únicamente sobre los cuidados físicos.
• Nuestra propia interpretación de hechos y eventos, que ayuda a explicar por qué algunas personas con discapacidad pueden tener una “calidad de vida” excelente, mientras que otras no lo consiguen.
• El nivel de aceptación de nuestra condición presente y nuestra capacidad para dominar los pensamientos y emociones negativos sobre dicha condición.
La subjetividad parece ser fundamental para nuestra comprensión de la “calidad de vida”. Además, los autores añaden que otras variables relacionadas indirectamente con la salud física, como la salud espiritual y social, también deberían evaluarse en el futuro.

Por desgracia, la falta de acuerdo sobre el significado de “calidad de vida” ayuda más bien poco a los profesionales de cualquier ámbito e incluso podría tener serias consecuencias éticas.

Notas de Barcaccia, Barbara; Esposito, Giuseppe

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