Etiquetas

, , , ,

I. TRAMPAS QUE SE OPONEN A LA CREATIVIDAD

TRAMPA DEL ANCLA O DEL STATUS QUO

En su célebre obra «La edad de la paradoja», Charles Handy, afirma que el ejecutivo que tiene auténtico coraje jamás se deja conducir por la rutina. Pudiera parecer, durante los tiempos de bonanza, que seguir la rutina es el camino seguro para avanzar de manera indefinida. Por otra parte, el atenerse a lo existente y no cambiar, es una manera cómoda de evadir los riesgos de una decisión.

No obstante, si se considera con objetividad que, de facto, con rutina no hay ni puede haber un ascenso permanente, ésta implica siempre una ilusión y una trampa podría denominarse la trampa del ancla o del status quo, de tal modo que tarde o temprano provoca un descenso en la actividad y en la eficiencia de la organización.

La verdadera creatividad aparece precisamente cuando se piensa en una acción que rompa la posible rutina descendente. Handy decía que toda trayectoria tiene un eclipse, y que la creatividad debe aparecer precisamente cuando el eclipse todavía no ha llegado, puesto que de otra manera la rutina desembocará necesariamente en el desastre.

Ahora bien, no se trata de un problema planteado en términos exclusivamente teóricos: ¿qué se debe hacer? Además de las dificultades propiamente intelectuales, la creatividad pone en juego hábitos personales. No sólo hay que saber qué hacer, es preciso tener la suficiente valentía para hacerlo efectivamente.

¿Por qué hablamos de valentía? Porque el gerente siempre se encuentra en el borde de una barranca, y por lo mismo no puede dejar para después la interrogante sobre lo que hará cuando se encuentre en la orilla. Por el contrario, la creatividad en la dirección consiste en considerar con decisión el futuro ahora, con el objeto de definir lo que ocurrirá mañana.

Al presente, somos testigos del declive de aquellas personas que esperaron los acontecimientos sin hacer nada, puesto que hasta ese momento todo iba bien. En cambio, quienes no se conformaron con la aparente continuidad de las ganancias y se decidieron a empezar una reconversión o una recapitalización, ahora cosechan resultados, aunque al principio éstos hayan parecido menores.
La puesta en marcha de la creatividad es particularmente difícil cuando se tiene que presentar un balance en una fecha determinada. De momento importa advertir que el gerente puede anticipar sus decisiones en provecho de la organización antes de afrontar los resultados ofrecidos por la contabilidad.

Desde esta perspectiva, la creatividad depende del arrojo, y depende además del alcance de nuestra previsión. En efecto, la mayor parte de los resortes de la creatividad radican en la anticipación. La creatividad no significa crear muchas cosas al mismo tiempo. Ser creativo significa ante todo anticiparse a un futuro deseable y posible, y actuar en consecuencia.

TRAMPA DE LOS COSTOS SUBTERRÁNEOS

Hay acciones realizadas por la gerencia que en algún tiempo parecieron acertadas y afortunadas, y cambiarlas posteriormente significaría reconocer un error. Si el arrojo es la cualidad que implica la anticipación creativa, ahora se requiere la humildad.
Evidentemente, la gente que toma decisiones se equivoca. De hecho, el porcentaje de equivocaciones es sumamente elevado.

Afortunadamente, para que haya un negocio, basta que el porcentaje de equivocaciones sea más bajo que el porcentaje de aciertos. Lo que no es posible es una decisión absolutamente desprovista de errores, al igual que un individuo carente de defectos.

Si no se asume este hecho, o si cuesta trabajo reconocerlo, entonces se presenta la trampa de los costos subterráneos o de los errores escondidos. Esta trampa consiste en evitar una decisión distinta a la que se había tomado anteriormente, porque ello equivaldría a poner de manifiesto los costos que ocasionó una equivocación, y que son entonces denunciados inevitablemente en el balance.

Es obvio que a ningún gerente le entusiasma la idea de hacer público, aunque sea en el espacio reducido de su empresa, un balance que proclame a viva voz los graves errores cometidos durante un determinado lapso [de tiempo]. Ante esta posibilidad, no es extraño que el gerente reaccione tratando de convencerse a sí mismo de que no ha habido equivocaciones, de que el curso de la organización es el adecuado, y por tanto no hay que modificarlo.

¿No somos testigos de esta clase de actitud cuando observamos el comportamiento de bancos o empresarios que otorgaron equivocadamente un crédito, y ante la falta de cumplimiento del cliente, tratan de ayudarle lo más posible únicamente para mitigar u ocultar su error? En México, el FOBAPROA puede ser una buena expresión de la trampa de errores escondidos o costos subterráneos. Podría al contrario seguirse el ejemplo de los bancos extranjeros, en los cuales quien otorga el crédito no es quien se encarga de cobrarlo. Pero tal vez sería más acertado seguir el consejo de un ocurrente intelectual francés, Buffette, quien recomendaba: «si te das cuenta de que estás en un hoyo, lo primero que debes hacer es dejar de cavar».

Ahora bien, si se ha de actuar de manera tal que el reconocimiento honesto de una equivocación sea el camino correcto para enderezar una situación, es porque el director asume la responsabilidad no sólo de sus aciertos lo cual es fácil, sino también de sus errores. Lo que no es válido ni ético es «jugar con dos barajas», cosechando los éxitos cuando las cosas salen bien, y enterrando los fracasos cuando las cosas salen mal.

¿Cómo sabemos si nos encontramos en una situación difícil, en un «hoyo»? El síntoma más claro de una situación precaria es la disminución drástica del propio panorama de visión: cuando no se ve con claridad qué depara el futuro, o cuando de plano ya no se ve absolutamente nada excepto el descenso inevitable.

Autor: Carlos Llano Cifuentes

Anuncios