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El vasto y extenso complejo de actividades actuales conocidas como “negocios” tienen algo importante en común. Todas ellas son actividades que crean, mantienen y alternan estructuras en las que las personas pueden asociarse para el bienestar. Idealmente, contribuyen a las estructuras mundiales en las que crecemos y nos desarrollamos, y nos ofrecen, tanto a nosotros como a los demás, lo que necesitamos para vivir bien. Digo “idealmente” porque, desde luego, todas las cosas pueden agruparse bajo el estandarte de los negocios, pero, a mi entender, un buen negocio sólo es aquel que tiende a este ideal.

Así, pues, las estructuras de los negocios son las herramientas más básicas para nuestro rendimiento en la vida. Ésta es la belleza de los negocios, la belleza de lo que puede ser y de lo que debe ser. Y éste es el arte de los negocios: el arte de crear estructuras en cuyo seno las asociaciones humanas pueden crecer y vivir bien.

Si Aristóteles dirigiera la General Motors, todos los empleados de la empresa se considerarían miembros de una inmensa asociación que abarcaría millones de asociaciones más pequeñas cuyo objeto sería el bienestar. Si fuera a la tienda de comestibles de la esquina, infundiría la misma actitud mental en todo el mundo. Y si nos tuviera que dar un consejo, creo que este podría resumirse así: “Piensa siempre en ti mismo uniéndote a otras personas en asociaciones para vivir bien”. Esta verdad absolutamente general acerca de la profunda belleza de los negocios puede proporcionarnos una importante perspectiva de cara a las muchas decisiones cruciales que debemos tomar. Siempre tenemos que preguntarnos si lo que consideramos que hacemos bien está aumentando o disminuyendo esta función crucial del negocio en nuestra área de influencia. ¿Estamos construyendo compañerismo para vivir mejor?.

Mediante el desarrollo, mantenimiento, refinanciamiento, ampliación y mejora de las estructuras empresariales, sea cual sea su nivel, ofrecemos a las personas los medios de descubrir, desarrollar, y utilizar sus talentos innatos. Ayudamos a crecer a quienes trabajan con nosotros. Los ayudamos a convertirse en estrellas y superestrellas, los Michael Jordan de las ventas y el transporte, la contabilidad y el servicio a los clientes. Y podemos ayudar a crecer a todos los que se benefician de nuestras actividades: nuestros proveedores, nuestros clientes y nuestras comunidades.

¿Qué es, pues, un negocio? El negocio es el arte de crecer, y crecer es la esencia de la vida; de ello se deriva enseguida la respuesta: los negocios son el arte de la vida.

Notas de Tom Morris

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