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Pasemos a tratar los conocimientos relacionados con la inteligencia práctica diciendo que así como todos los anteriores (los referentes a conocimientos de inteligencia conceptual) proporcionan globalmente una mayor potencialidad de la persona, en aspectos que con frecuencia y parcialmente han estado ausentes en los políticos de empresa de épocas anteriores; éstos con frecuencia y desde hace tiempo han estado siempre presentes en todos los buenos políticos de empresa. Los conocimientos relacionados con la inteligencia práctica los hemos clasificado , en principio, en los siguientes apartados: 1) Capacidad analítica, 2) Capacidad integradora,3) Capacidad de crear sistemas de objetivos y políticas, 4) Capacidad de distribuir responsabilidades a directivos y de conseguir que éstas se cumplan.

El primer citado es la capacidad analítica; la capacidad de distinguir hechos y circunstancias numerosos, pequeños, pero significativos, la capacidad de contemplar matices.

El desarrollo de la capacidad integradora consistente en la combinación adecuada a la empresa concreta en la que se está y al entorno de la misma, de los elementos analíticos.

La capacidad de imaginar y crear sistemas de objetivos y políticos realistas es algo que con frecuencia el político de empresa hace de una manera informal pero muy precisa y que siempre que sea posible convendría que hiciese sin perder precisión de una manera mucho más formal.

La distribución de responsabilidades a directivos y la acción eficaz de éstos, puede tener muy diversos estilos y grados de formalidad, pero no deben faltar nunca la concreción y la competencia específica para cada trabajo.

Vamos a tratar ahora no ya los Conocimientos sino las Actitudes del político de Empresa. Lo primero que es conveniente afirmar es que so nos ocupamos de ellas es porque son importantes; y esto porque el político de empresa no solamente dirige con saberes intelectuales; es más, en muchas ocasiones, en la buena marcha de las empresas influyen más las actitudes que los saberes intelectuales o conocimientos. No significa esto que pueda prescindirse de ellos sino que en una visión global comparativa de ambos grupos de aptitudes si tuviéramos que hacer alguna indicación sobre cual es más indispensable diríamos que resultan más indispensables las actitudes que los conocimientos, siempre que estos se den en un grado mínimo. Las actitudes son de dos grupos, una de ellas están relacionadas con valores y otras más directamente relacionadas con la voluntad.

Las actitudes relacionadas con valores son de toda la personalidad, aunque se perciben de una manera más clara a través de la inteligencia y hemos sabido encontrar principalmente tres: 1) La profesionalidad, 2) el respeto a los otros y 3) la prudencia con firmeza.

La profesionalidad se refiere al sentido de responsabilidad social con que el político de empresa ejerce su misión en la empresa; la ve como un trabajo que hace para los demás y además para él mismo. Una actitud típicamente no profesional sería ver ese trabajo sencillamente como un objeto personal.

El respeto a los otros se refiere principalmente a las consecuencias que se producen cuando el político de empresa tiene presente la profunda dignidad de la persona con la que se trabaja; profunda dignidad de la que se derivan una serie de manifestaciones en la colaboración, que influyen decisivamente en los resultados de la acción de dirigir, manifestaciones que es preciso no confundir con actitudes condicionantes expresadas. La más importante manifestación es el actuar con el consenso lógico del inferior; el punto de referencia de la lógica es siempre un buen sistema de objetivos y políticas de la empresa. Imponer personalmente, es mucho o en poco, puede ser arbitrariedad, despotismo y otra cualquier aberración del que tiene el poder, que a justifica por razones, en general siempre ilógicas para el sistema de objetivos y políticas de la empresa pero que, el directivo que se impone, argumenta con lógica subjetiva o de querencias personales. Como se ve claramente, por respeto a los otros no se entiende aquí una actitud de pura forma externa o “aparente delicadeza”, en verdad, de la dignidad del otro.

La prudencia con firmeza es una actitud habitual resultado de la práctica de dos virtudes, sin la cual es muy difícil que el político de empresa viva en la realidad la aplicación concreta de mi antigua definición de Política, como “conjunto de capacidades que permiten conseguir realidades cada vez más justas y eficaces en el constante cambiar de los grupos humanos”.

Notas de Don Antonio Valero.

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