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El político de empresa es en cada una de ellas, quien de hecho determina su marcha hacia el futuro. La empresa puede tener inercias en su marcha resultado de la acción de políticos de empresa anteriores al actual. Es preciso saber distinguir en qué casos la marcha actual de la empresa depende de la acción del político de empresa que actualmente es responsable de la misma o es resultado de las decisiones y acciones de políticos de empresa anteriores.

Como un político de empresa determina el futuro de esta, depende de sus aptitudes personales y por este motivo analizaremos sintéticamente en esta nota las aptitudes del buen político de empresa.

Hablamos del político de empresa y no de un profesional de la dirección por la sencilla razón de que conocemos muchos profesionales de la dirección, podríamos clasificarlos en profesionales de distintos tipos o naturalezas y la mayoría de ellos no son buenos políticos de empresa.

Hoy día es frecuente correlacionar capacidades o aptitudes de personas con los puestos de trabajo que deben de cubrir. No es este el camino que vamos a seguir en este escrito; en él no pretendemos establecer ninguna correlación. Por supuesto que las funciones o responsabilidades que suelen recaer sobre un político de empresa pueden estudiarse y que esto se hace en otras ocasiones, pero esta nota está redactada en concreto para estudiar solamente las aptitudes del mismo. Podríamos hacernos la pregunta de si estudiando de un lado las aptitudes y de otro las responsabilidades o funciones, no sería deseable establecer una correlación entre ambas; quizá serían deseable pero sencillamente decimos que no vamos a intentarlo. Por otra parte creemos que tanto las aptitudes como las posibles funciones o responsabilidades del político de empresa son de tal naturaleza y nivel que establecer correlaciones entre ambas presenta dificultades muy particulares.

Vamos a comentar de una manera muy breve una serie de aptitudes o capacidades básicas en el político de empresa. Estas capacidades básicas admiten numerosas combinaciones; en cada una de estas combinaciones pueden estar todas las capacidades que enunciamos o pueden faltar algunas de ellas, además pueden estar presentes en distintos grados y con distintos matices. Todo esto hace que el número de políticos de empresa que pueda darse sea tan extraordinariamente elevado que nos permita afirmar que tiende al infinito; quizás expresándonos de una manera más precisa podríamos afirmar que la combinación citada de capacidades produce tantos casos distintos de políticos de empresa como políticos de empresa han existido, existen y existirán en el mundo.

No creemos en el prototipo del político de empresas ni creemos en el prototipo del líder con personalidad. Estas dos afirmaciones no son puntos de vista apriorísticos, son el resultado de las observaciones personales de bastantes casos particulares que el equipo de Política de Empresa del IESE ha realizado experimentalmente. El que no crea en el prototipo del político de empresa es bastante claro, después de lo comentado en el párrafo anterior. La afirmación de que no creemos en el líder por personalidad está hecho en el sentido de que creemos que los buenos políticos de empresa no dependen de que personalidad básica o general determinada, o de lo que ordinariamente básica o general determinada, o de lo que ordinariamente en los estudios generales dedicados al individuo califican de personalidad; creemos que depende como ya hemos enunciado en el párrafo anterior de la combinación de una serie de capacidades, concretas o específicas, que pueden darse en personas que posean personalidades básicas o generales muy distintas.

Tampoco creemos en el político de empresa universal, es decir, creemos que una persona que en un caso pueda ser un buen político de empresa, en otros casos concretos puede resultar un mal político de empresa. En el caso de que el político de empresa haya tenido éxito se habrá apoyado en la buena aplicación de sus capacidades básicas a la empresa concreta en la que tenía responsabilidad.

En el caso del político de empresa que tras triunfar en una ocasión fracase en otra puede afirmarse que una de las causas más importantes del fracaso es el no haber aplicado sus capacidades básicas constantes, de una manera adecuada a la empresa en la que tenía unas responsabilidades nuevas.

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