Etiquetas

, ,

La metodología para difundir la filosofía de Valores es en las empresas a través de un proceso educacional; no se puede hacer con un simple curso de capacitación. La cultura corporativa, debe integrar los siguientes valores:

1) Fe.- Tengamos fe creyendo en nosotros mismos. Dejemos de pensar en el “ojalá” o en el “tal vez”. Tengamos la seguridad de que hacemos lo correcto. Inculquemos y desarrollemos la fe en nuestros semejantes.
2) Lealtad.- Dejemos los juegos. Seamos leales en todos los roles de la vida. En la empresa perdonamos todo, menos la deslealtad y la falta de voluntad.
3) Respeto.- A la opinión de los demás. No ridiculicemos ni nos burlemos de los males y la ignorancia ajena. Ayudémosle.
4) Responsabilidad.- Asumamos los compromisos. Mantengamos el honor y la palabra dada en pensamiento y acción.
5) Honestidad.- No pongamos pretextos o engañemos a los clientes o compañeros de trabajo.
6) Justicia.- Equidad en el trato, no favoritismos. Tratar a todos por igual.
7) Cortesía.- Fundamental en nuestro tipo de negocio y que embellece al que le da y gusta al que la recibe.
8) Rapidez.- En el servicio y en la acción, manteniendo siempre la calidad.
9) Iniciativa.- Que forma parte del que piensa y busca soluciones.
10) Amistad.- Crea un ambiente de trabajo favorable sin romper jerarquías y el orden.
11) Nacionalismo.- Estamos en México y trabajamos por un mejor país para legar un futuro más promisorio.

Es difícil aceptar que la capacitación filosófica sea el detonador básico para promover la productividad en las empresas, ya que normalmente indexamos nuestro razonamiento de costo–beneficio directamente a los programas de especialización y resulta inaceptable emplear el tiempo productivo en filosofar.

Si partimos del principio de que la filosofía corporativa es la base para el éxito de toda la organización, esta debe prepararse tanto para su definición como para la inmersión de todo el personal en la misma.

En síntesis, el primer paso consiste en que el director revise la filosofía corporativa que desea se implante en su empresa y los valores espirituales que deben marcar la pauta para todas las acciones que en la misma se desarrollen.

En nuestro medio empresarial es común escuchar cómo los ejecutivos y trabajadores cambian de una empresa a otra, movidos fundamentalmente por un interés económico; a este respecto y preguntando al maestro Hirotaka Takeuchi, de la Universidad de Harvard, para encontrar una explicación de este fenómeno. Creo que el resultado al cuestionamiento nos puede dar información muy valiosa para ubicar este importante tema en los objetivos de orden superior.

El maestro Takeuchi señala que normalmente los empleados se llegan a convertir en auténticos mercenarios, es decir, se van con aquél que mejor les paga, puesto que la empresa no les ofrece absolutamente nada que no sea una retribución de tipo económico. También resulta sorprendente observar que hay empleados que pertenecen a determinada organización, y que por más dinero que les ofrezcan no son capaces de dejarla. Creo que si hacemos un análisis profundo de las organizaciones a la que pertenecen estos dos tipos de trabajadores encontraremos los motivos de sus diferencias.

En el primer caso el trabajador solamente encuentra una retribución equitativa en el orden económico a cambio de su trabajo, pero parece ser que no encuentra nada más que justifique quedarse en la empresa, ya que considera que no le ha dado absolutamente nada que no sea lo justo a cambio de su trabajo. Pero en el segundo caso encontramos que el trabajador siente una atracción natural hacia la empresa y no solamente llega a sentir cariño y arraigo en su organización, ¿entonces que le dio esa organización?, ¿qué le dan las empresas de excelencia a sus trabajadores, que hacen que permanezcan toda la vida con ellos?. Ahí radican precisamente los objetivos de orden superior.

Grandes empresas como Matsushita, entre otras, son compañías que se han preocupado fundamentalmente en desarrollar un producto sobre la base de un objetivo que no sólo produce utilidades, ventas o cuotas de producción, sino sobre todo un concepto de filosofía de servicio social a la humanidad.

El Sr. Matsushita, en la gran depresión de los años veinte en Japón, se cuestionaba el porqué los templos tenían tanta gente y porqué las empresas no. La gran respuesta es que todas las religiones ofrecen al hombre básicamente una gran opción: la trascendencia. Todos los seres humanos buscamos en esta vida el poder trascender y las religiones son el camino para lograrlo, por lo tanto éstas han captado el monopolio espiritual del hombre.

Notas de la obra: 150 pergaminos de Miguel Ángel Cornejo.

Anuncios