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Hoy en día, en las más variadas organizaciones, se habla mucho de creatividad e innovación, siendo conceptos en boga que parecen solucionar cualquier problema. Las empresas creen que, sin ellos, no sabrán salir adelante en el cada vez más globalizado y complejo mundo en el que se mueven. De hecho, los últimos estudios caminan en esa dirección. La creatividad y la innovación suponen el factor de diferenciación que lleva a la auténtica ventaja competitiva a largo plazo, como demuestran 3M, lntel o Microsoftl. Sin embargo, existe una gran confusión relativa a qué se alude exactamente con tales términos y, sobre todo, a cómo lograr su vigencia efectiva en las organizaciones.

Vamos a tratar de definir con cierta precisión ambos conceptos. La creatividad es la capacidad de introducir por vez primera algo. La innovación es la creación o modificación de un producto y su introducción en un mercado2. Ambas definiciones se interrelacionan. La creatividad es un concepto más general, mientras que la innovación hace referencia a un producto concreto.
La creatividad abre el camino a la innovación. Si bien la creatividad en sentido estricto sólo existe cuando se crea algo de la nada, en un sentido más laxo cualquier modificación de algo existente supone creatividad. En el momento en que esa creación o modificación hacen referencia a un producto que se introduce en un mercado, estamos hablando de innovación.

Cuando una organización intenta promover la creatividad y la innovación no suele esperar que uno de sus empleados pinte como Miguel Ángel o revolucione la ciencia como Einstein. Una empresa necesita creatividad porque busca innovar en diferentes ámbitos de su funcionamiento cotidiano: en los procesos, en las relaciones humanas, en las decisiones, en las soluciones; en producción, logística, marketing y posventa. Necesita reinventar sus objetivos, adelantarse a las nuevas oportunidades y necesidades de los clientes.

Actualmente no es suficiente para las empresas invertir en el departamento de I+D, sino que se debe fomentar la creatividad en todos los niveles y departamentos. Las empresas no pueden ser innovadoras de por sí, como entes abstractos, sino que necesitan que las personas que forman parte de ellas sean creativas, tengan talento creativo. Para una empresa es importante tanto la innovación en los procesos y la organización como la creatividad entendida como competencia personal a desarrollar. La innovación en procesos y organización se encuentra muy desarrollada en multitud de manuales.

En esta nota queremos centrarnos en la creatividad como competencia personal. Ahora bien, el talento creativo, ¿es sólo propiedad de unos pocos privilegiados, o cualquier ser humano puede desarrollarlo? Quizá deberíamos empezar por desmontar algunos mitos sobre la creatividad.

En la sociedad se dan determinados mitos o falsas creencias sobre la creatividad: que depende de la personalidad, la inteligencia, el carácter, la edad o la experiencia, o del puesto de trabajo, o de la suerte, o que es propia de personas especialmente arriesgadas. Nada de ello parece ser cierto, según demuestran diversos estudios. Curiosamente, y en contra de la opinión mayoritariamente extendida, la creatividad no es propia de personas a quienes les gustan los riesgos, sino que, en muchas ocasiones, las mejores ideas provienen de personas conservadoras. Por lo visto, tampoco las personas especialmente inteligentes son más creativas que aquellas otras con un coeficiente intelectual medio (aparte de que los habituales tests de inteligencia son cada vez más cuestionados, en tanto en cuanto es extraordinariamente difícil medir la inteligencia o tratar de reducirla al resultado de unas pruebas contempladas en un test). La juventud tampoco es indicativa de creatividad. Por el contrario, los conocimientos y experiencia adquiridos ayudan a la aparición de la chispa creativa.
¿Cómo se puede, entonces, promover el talento creativo? Como en toda competencia personal, para desarrollar el talento creativo hemos de promover tanto la actitud como la aptitud, es decir, la capacidad y la predisposición.

Si no se tiene ni capacidad ni predisposición, no se sale de la propia zona de rutina y confort y no se generan ideas. Por otro lado, si no se tiene capacidad pero sí predisposición, se es original, pero en la empresa la originalidad no es suficiente; las ideas han de ser útiles y prácticas para ser efectivas. Finalmente, si se tiene capacidad pero se carece de predisposición, se adopta una actitud crítica. Los comentarios incisivos pueden dar en el clavo, pero no solucionan nada, no generan alternativas, no construyen en positivo. Solamente cuando se unen capacidad y predisposición, las personas son capaces de generar ideas creativas. Algunas de estas ideas tendrán éxito en su aplicación práctica, y otras no, pero así sucede siempre con la creatividad: es casi imposible predecir qué ideas creativas tendrán éxito, por lo que hay que aceptar el fracaso como parte del camino.

Estos parámetros de actitud/aptitud no son algo fijo y estático, sino que los seres humanos podemos desarrollarlos. Así, la cuestión crítica seria la siguiente: ¿Cómo desarrollar la actitud y aptitud creativas?

Notas de Helen Wilkinson

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