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La innovación es, una forma de conocimiento. La elaboración de conocimiento es un proceso fundamental para cualquier organización (institución o empresa). Hace ya unos años que se puso de moda el término «learning organization» (organización que aprende) para caracterizar a las empresas o instituciones capaces de mejorar gracias al aprendizaje y, por lo tanto, mantener o incrementar su competitividad.

Cuando nos referimos a la innovación, encontramos empresas que simplemente copian, otras que son capaces de mejorar gradualmente sus productos y la gama de éstos, y otras que son capaces de lanzar productos radicalmente nuevos, rupturistas. Copiar, a veces, tiene su mérito y, probablemente, una buena parte de los productos nuevos que lanzan muchas empresas son versiones más o menos parecidas a productos de su competencia. Mejorar la gama o los productos requiere ya una cierta capacidad de aprendizaje y las empresas deben ser capaces de poner en marcha los mecanismos que hagan posible dicho aprendizaje: conexiones con el exterior, seguimiento de competidores, estudios del mercado, equipos de trabajo, grupos de mejora, círculos de calidad, análisis de valor, etc.

Japón ha aportado una buena dosis de técnicas y enfoques para la mejora continua y su principal pensador en este campo, Ikujiro Nonaka, ha descrito cómo las empresas japonesas son capaces de formalizar un proceso en el que las personas aprenden de forma continua.

Las personas incorporan un determinado conjunto de conocimientos (técnicos, científicos, artesanales, estéticos, etc.). A esto lo llamamos conocimiento tácito. Con estos conocimientos acuden a su trabajo. Mediante una organización adecuada del trabajo (equipos, círculos de calidad, comités de producto), es posible intercambiar conocimientos tácitos y aprender. A esta fase la llamaremos socialización. Una cosa muy difícil es saber presentar el nuevo conocimiento adquirido en la fase de socialización en un formato que permita su difusión a terceros (gráficos, planos, esquemas, programas de software). Al conocimiento descrito en un soporte lo llamaremos explícito y a esta fase la llamaremos de externalización. Si somos capaces de externalizar el aprendizaje, entonces podemos enseñar a muchas personas los logros conseguidos, pero también podemos combinarlos con otros conocimientos existentes. A esta nueva fase la llamaremos de combinación. Finalmente, el conjunto de conocimientos combinados son adquiridos por una persona en la fase de internalización.

La persona enriquece así su nivel de conocimiento tácito. La repetición del ciclo una y otra vez, cambiando las personas que integran los grupos de trabajo (o de
I+D, o de diseño), lleva a un proceso de aprendizaje continuo.

Una moderna máquina fotocopiadora Canon de oficina no es muy diferente en su apariencia y en su concepto de una máquina fotocopiadora Xerox de los años 70’s, cuando esta última empresa tenía un dominio casi absoluto del mercado. Sin embargo, la máquina Canon incorpora miles de pequeñas mejoras que le han permitido a la empresa ir ganando una sólida participación en las ventas de estos equipos.

Pero hay otro proceso de adquirir conocimiento que ya fue descrito por Platón. El conocimiento en general y, por supuesto, el conocimiento relacionado con la innovación surge de la búsqueda de tres objetivos: la verdad, la belleza y la bondad. La búsqueda de la verdad es el esfuerzo científico que pretende encontrar nuevos principios que hagan posible solucionar problemas no resueltos: un vehículo eléctrico, un nuevo material plástico, un nuevo producto farmacéutico, etc. La búsqueda de la belleza persigue satisfacer el sentido estético, atraer por la forma. La estética del tren AVE o del Concorde, las formas de los años 50 que reproducen los vehículos de los últimos 90 (el nuevo escarabajo, por ejemplo). La búsqueda de la bondad persigue mejorar la eficiencia y la eficacia de las cosas. Conseguir un producto que ofrezca las mismas prestaciones pero más económicamente. Conseguir un vehículo con más aceleración, menos consumo, menos contaminación.

Apoyarse en este trípode (Verdad-Belleza-Bondad) puede permitir saltos radicales, productos rupturistas. Un horno microondas fue una ruptura en el concepto de horno, como lo sería una lavadora por ultrasonidos. Lo mismo ocurre con la fotografía electrónica o el reloj Swatch.
¿Dónde está la realidad? Seguramente, como siempre, en algún punto
intermedio entre ambos modelos.

La naturaleza de la innovación rupturista la posiciona un tanto separada de las fases productiva y comercial y ahí está su punto débil. Hay que integrarla. De lo contrario se corre el riesgo de generar conceptos brillantes de productos que nunca llegan al mercado, o llegan tarde, o llegan mal. Este problema lo sufren muchas empresas.

La innovación gradual o incremental, fruto de la mejora continua, por su naturaleza, nace integrada en los procesos. De ahí que a veces las empresas japonesas hayan sabido llevar a la práctica de una forma más efectiva que sus competidores europeos o americanos, conceptos que no innovaron.

Notas del libro: Compitiendo en el Siglo XXI de Pedro Nueno

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