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Es curioso ver como nos amargamos la existencia pensando en lo que habría sido si hubiéramos decidido de forma distinta, si en lugar de el camino de la derecha, hubiéramos tomado el de la izquierda, si en lugar de Montse, hubiéramos elegido a Pilar, si en lugar de Pedro, me hubiera quedado con Juan, si en lugar de aceptar la oferta de la empresa A, hubiéramos aceptado la de B.

Aquí hay una buena y una mala noticia: no hay vuelta atrás. Cuando uno toma una decisión, deberemos asumir las consecuencias que de ella se derivan y, por tanto, dejar de atormentarse con lo que podría haber pasado, ya que eso es algo que siempre quedará en el país de las suposiciones.

Elegir es renunciar a aquello que no elegimos y, ante cada elección, hay una mirada de aspectos que decidimos rechazar, quizás el problema viene cuando esas elecciones son tomadas desde el inconsciente pero, todo y así, son elecciones que nuestra intuición nos ha recomendado tener.

No se trata de no mirar atrás, ya que es importante mirar de vez en cuando el retrovisor, pero si solo miramos por él, nos perderemos el país del mañana y, lo que es más importante, la maravillosa ciudad del hoy.

Todas las personas tenemos dos grandes características: libertad y voluntad. Elegir, implica el uso de la libertad y la aplicación de la voluntad en esa decisión. Lo importante radica en el análisis y la responsabilidad de la elección y no solamente en la reacción de la misma.

Esa es mi elección y, con ella, renuncio al resto de posibilidades, para bien y para mal, así que lucharé con todas mis fuerzas para que esa decisión sea la que me aporte aquello que estoy buscando, sea lo que sea.

Hay decisiones duras, elecciones que implican a otras personas, quizás centenares o miles y es posible que la zozobra llene mi ánimo, pero esa elección la he tomado por unos motivos, a lo mejor sin poder tener la información suficiente y, por tanto, tendrá unas consecuencias, como tomar otra hubiera devengado unas diferentes, pero consecuencias al fin.

Cada día tomamos cientos, miles de decisiones, la mayor parte de ellas inconscientes pero, las que tomamos de forma consciente, son las que nos llevan a esas dudas, así que quizás lo mejor antes de tomarla sea pensar ¿estoy dispuesto a asumir las consecuencias que se derivan de esto? ¿a qué estoy dispuesto a renunciar?¿está esto alineado con mis valores últimos?.

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