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En el momento actual vivimos una especie de desaceleración para detectar y afrontar los problemas éticos en la empresa. Esta actitud puede originarse en diversas causas:

• Han sido muchos los escándalos de los últimos años en el mundo empresarial, y quizás nos hemos acostumbrado.
• Son tantos y tan complicados los problemas éticos que aparecen en los distintos campos de la actividad empresarial, que cada vez nos sorprenden menos.
• Hay una real dificultad para conceptualizar los problemas éticos.

Si, además, sumamos la pérdida de valores verdaderamente humanos y la carencia de ideales comunes, entenderemos porqué no ha sido fácil encontrar caminos convergentes y convincentes para comprender, sopesar y resolver los problemas éticos.

El llamado a colocar la ética y la responsabilidad empresarial en el centro de la educación administrativa no equivale a someter a los empresarios a una manipulación doctrinal o una indoctrinación aburrida. Nada semejante. Equivale, eso sí, a enfatizar que la toma de decisiones en la empresa tiene una marcada dimensión ética, y que son muchos los indicadores que reclaman superar el viejo mito de que los negocios son un fin en sí mismo. La Ética empresarial no es un nuevo invento o una estrategia de moda; su resurgimiento ha sido provocado por la misma necesidad de que el hombre actúe conforme a lo que es, y por las desfavorables consecuencias que la ruptura entre acción empresarial y acción ética han provocado.

La aplicación de la ética en los negocios no tiene más objetivo que lograr que la empresa sea un verdadero factor de perfeccionamiento humano.

La ética empuja al empresario a tomar un papel y una responsabilidad mucho más ricos que los implicados tradicionalmente en la ciencia empresarial. Estas notas quieren hacer un llamado a un sentido de propósito más profundo, a un sentido de responsabilidad más amplio y a un espíritu más activo. El lugar del empresario en la sociedad no le permite pasar por alto las siguientes preguntas:

¿De que contexto depende que nuestro sistema democrático-capitalista funcione?

¿Puede acaso salir avante independientemente dela cultura moral, para contribuir positivamente a esta cultura?

Notas del libro: Ética de la dirección de Bernardo Fernández.

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