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Uno de los mayores límites que les imponemos a nuestros propios sueños y metas es creer que lo más rápido es lo mejor. El ritmo de vida se ha incrementado, y cada vez más cosas se escapan a nuestro control. Tratamos de actualizarnos viviendo la vida a un ritmo más acelerado.

La sabiduría convencional nos dice que para salir adelante debemos apresurarnos: “Pedal al metal”. Y a pesar de las advertencias que nos hacen para que trabajemos con más perfección y no con más ahínco, continuamos los juegos desesperados de “apresurarnos” y “mantenernos al día”. Esa es la realidad de hoy.

El tiempo es el más precioso bien de hoy. Casi todos sentimos que nos hemos empobrecido por no tener la cantidad suficiente de tiempo. No nos sorprende que el lamento que se escucha en todos los rincones de nuestra vida sea: “Demasiadas cosas por hacer en demasiado poco tiempo”.

En muchas ocasiones los “Tengo que hacer” pueden llegar a regir nuestra vida y como ejemplo mencionamos: Tengo que cumplir ese plazo, tengo que hacer una brillante presentación, tengo que terminar este trabajo rutinario de oficina, tengo que tomar una decisión, tengo que leer todo este material antes de la reunión de mañana, tengo que reducir costos, tengo que cumplir mi cuota, tengo que tomar un avión, etc…

Tenemos un ejemplo clásico en la escena de la película Tiempos Modernos, en la que Charles Chaplin aparece decorando pasteles. De pie junto a una banda transportadora por la que pasan unos pasteles blancos, hermosos y cremosos, Chaplin esparce la pasta de decoración, agrega una o dos rosas, pone el pastel dentro de la caja y lo coloca en una repisa. Todo marcha muy bien, y él disfruta enormemente de su tarea. Posteriormente, la banda transportadora aumenta la velocidad. En su afán por mantener el ritmo, Chaplin empieza a moverse con su hipervelocidad característica. A medida que los pasteles pasan volando junto a él, la pasta decorativa se va esparciendo por todas partes, las rosas parecen manchas de tinta en un test Rorschach y los pasteles suenan ¡paf! Al caer uno sobre otro, formando un dulce montículo blanco, en el piso de la pastelería. Chaplin presagió nuestros actuales “tiempos modernos”. Solíamos reír durante esta escena; ahora la estamos viviendo y ya no nos parece chistosa.

Los “tengo que” se han convertido en la principal respuesta convencional para cualquier persona que trate de salir adelante en el vertiginoso ambiente de hoy. No me importa lo que Usted haga o en donde lo haga, los “tengo que” se encuentran en todas partes. Usted se ha sometido a los “tengo que” si:

a)Se esfuerza más pero se pregunta si estará logrando mucho más.
b)Siempre se siente retrasado…y llega un poco tarde.
c)Es más irritable, más crítico o malhumorado con las personas que lo rodean,
d)Ve cada vez menos a su familia y a sus amigos.
e)Le cuesta trabajo relajarse.
f)Sólo trabaja y poco se divierte.
g)Se casó con su trabajo.
h)Deja a un lado las cosas rutinarias (tales como, devolver llamadas telefónicas, escribir cartas o correos a amigos y familiares, leer informes, pagar cuentas mensuales).
i)Se cansa fácilmente y siente fatiga.
j)Algunas veces está deprimido o triste sin causa aparente alguna.
k)Necesita estar continuamente ocupado.

Para la mayoría de los “tengo que” entran en acción cuando las personas tratan de ser conscientes y desempeñar mejor sus labores. Irónicamente, la evidencia señala que Usted en la actualidad es menos eficiente cuando trabaja a alta velocidad y precipitadamente.

Por ejemplo, mejorar la calidad y el servicio son dos de las metas más importantes en el ambiente empresarial de hoy. Pero cuando usted enfrenta una serie de “tengo que”, tiene demasiada prisa para realizar el esfuerzo que produciría una calidad superior y/o un servicio excelente. Usted carece de tiempo para poner los puntos sobre las íes y las rayas en las tees a fin de perfeccionar sus diseños y satisfacer el deseo de sus clientes. Suelen faltar los refinamientos que dan alta calidad, lo mismo que esos pequeños detalles extra que diferencian un servicio bueno de uno excepcional.

Algunas notas del libro Si no está roto Rómpalo de Robert J. Kriegel.

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