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El éxito en la actualidad, se asocia de manera automática con la posesión de bienes materiales. “El éxito, concebido absolutamente como disponibilidad y consumo creciente de bienes materiales, tiene por resultado un estilo de vida cuyo fin –por absurdo que parezca- podría resumirse en la acumulación de ceros en una cuenta corriente, no porque sean medio par la subsistencia, sino como presunta demostración de la propia vida” Carlos Llano.

Dicho de esta forma, el dinero, al ser establecido como muestro sistema de medida, mide lo que tenemos y lo alarmante es que también creemos que mide lo que somos: quien tenga más será más exitoso y quien tenga menos, un fracasado: “Naturalmente poseemos un apetito infinito de valía, y de ahí se deriva un apetito infinito de dinero si nos involucramos ingenuamente en el sistema actual de valores en la empresa: el hombre se supedita a las cosas materiales y prácticamente se identifica con ellas, al punto que su radio de acción se restringe a los límites del tener.” Carlos Llano.

Si lo anterior se siguiera de manera tajante se puede llegar a creer que existe una oposición entre lo que se tiene y lo que propiamente se es, cuando lo que habría de sostenerse es que se pueda llegar a ser tenido. Pues, conforme una persona es más, las posibilidades de aumentar el tener son mayores, en caso de que el ser así lo requiera.

No obstante, como hemos advertido, las posibilidades existenciales del hombre no pueden reducirse al hacer y al tener. Por este motivo, para hacer real el concepto de éxito, no hay que identificarlo con las posesiones materiales, aunque también sería un error renunciar a ellas; lo que se ha de hacer para tener un correcto concepto de éxito es tener dominio sobre nuestros deseos:
“La situación de éxito verdadero no es aquella en la que el hombre se coloca para colmar todos sus deseos posesivos –ámbito del tener-, sino aquella en la que, planteándose un límite sano para una recta satisfacción de sus necesidades de carácter material, adquiere dominio sobre sus actos, solidez en su personalidad y en su propia carrera profesional –ámbito del ser-. De tal manera que se le pueda reconocer no por la ambición de lo que logra sino por la profesionalidad y el empeño laboral que pone para lograrlo” Carlos Llano.

El Dr. Carlos Juárez en su libro e-Valor@ menciona como el individualismo y la codicia de los distintos actores de la empresa y en el gobierno han terminado por entorpecer el desarrollo económico y la creación de empleo en todo el mundo. Es necesario contar con procesos, dentro de la empresa, que estimulen la vivencia de los Valores por parte de todos sus integrantes, porque los ejecutivos y empleados no suelen realizar lo que se les dice que hagan, sino más bien aquello por lo cual se les mide, reconoce y remunera. En el pasado la familia y los pequeños grupos humanos regularon el comportamiento de sus integrantes; las actitudes y acciones eran moldeadas por el ejemplo de los mayores y por el relacionamiento e interés entre todos ellos. Las familias actuales, más pequeñas, y la participación laboral de ambos padres, han dificultado ese proceso de aprendizaje por imitación y relacionamiento entre las distintas generaciones emparentadas, para que los jóvenes conozcan, quieran vivir y vivan los Valores universales.

Deberemos de mostrar a nuestros colaboradores y familia que lo más importante no es el tener o poseer cosas, sino que el fin último es ser felices y en nada tiene esto que ver con el dinero per sé. Si realmente deseamos tener éxito profesional, personal y laboral, deberemos de emprender a favor del hombre.

Notas de los libros:
e-Valor@ del Dr. Carlos Juárez Badillo
Carlos Llano en resumen del Dr. Nahum de la Vega Morell

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