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Sólo sabemos dos cosas con respecto al futuro: 1) No puede ser conocido y, 2) Será diferente de los que conocemos ahora y de los que esperamos ahora. Estas afirmaciones no son demasiado nuevas ni sorprendentes; no obstante su alcance es largo.

1.- Todo intento de basar las acciones y propósitos del presente sobre predicciones de eventos futuros es inútil. Lo máximo que se puede lograr es anticipar los efectos futuros de eventos que ya han tenido lugar en forma irrevocable.

2.- Debido a que el futuro siempre es diferente y no se puede pronosticar, es posible lograr que suceda lo inesperado e imprevisible. Intentar que el futuro suceda es riesgoso; pero es una actividad racional. Es menos riesgoso que dejarse llevar por la confortable suposición de que nada habrá de cambiar, y menos riesgoso que guiarse por una predicción de los que “debe” suceder o de lo que es “más probable”.

En los últimos años las empresas han aceptado la necesidad de trabajar sistemáticamente en la construcción del futuro. Los planes a largo plazo no pueden estar destinados a eliminar los riesgos y la incertidumbre. El propósito del trabajo de construir el futuro no está en decidir lo que se debe hacer mañana, sino en decidir lo que se debe hacer hoy para tener un mañana.

La entrega deliberada de los recursos presentes a un futuro imprevisible es la función específica del empresario. Respecto al significado original del término, J.B. Say, el gran economista francés que acuñó la palabra hacia el año 1800, solía usarlo para describir al hombre que atrae al capital encerrado en el pasado improductivo (por ejemplo, en tierras marginales) y lo asigna al riesgo de construir un futuro diferente. Los economistas ingleses, como Adam Smith, concentrados en el comerciante, consideraban que la función económica central era la eficiencia. Say, empero, destacó la creación del riesgo y la explotación de la discontinuidad entre el presente y el futuro como actividades económicas productoras de riquezas.

Actualmente estamos aprendiendo , con lentitud, la manera de realizar este trabajo en forma sistemática, con dirección y control. El punto de partida es la comprensión de que existen dos enfoques diferentes, aunque complementarios:

1)   La búsqueda y la explotación del lapso existente entre la aparición de la discontinuidad en la economía y la sociedad y su impacto; esto se podría denominar anticipación de un futuro que ya ha tenido lugar.

2)    La imposición sobre un futuro todavía inexistente de una idea que trata de dirigir y dar forma al o que vendrá: esto podía denominarse lograr que el futuro suceda.

Notas del libro: La Gerencia Efectiva de Peter Druker.

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