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Una de las muchas ventajas de ser Peter Pan es que, cuando no te gusta cómo se ponen las cosas en el País de Nunca Jamás, no tienes más que echar a volar y buscar algún otro sitio con mejor ambiente, sin preocuparte por las leyes de inmigración. En este momento, Peter está bastante molesto porque ha recibido una carta muy agresiva del Ministro Super Plenipotenciario para el Futuro de las Pensiones, en la que le comunica formalmente que, si persiste en su negativa a hacerse adulto e incorporarse al mercado laboral, ya puede irse olvidando de cobrar algún día la pensión de jubilación.

La antipática misiva rezaba más o menos así:

“Estimado Señor Pan: Con la seguridad de que al recibo de la presente se encontrará usted en un inmejorable estado de salud, como cabe esperar de cualquier individuo entregado a su ocioso e insolidario estilo de vida, me complace comunicarle lo siguiente:

Según los cálculos actuariales de nuestros expertos, considerando el número de años que lleva usted postergando su afiliación a la ASPA (Agencia de Sufridos Pagadores Asalariados), en el improbable caso de que decidiera comenzar a trabajar en este mismo momento necesitaría cotizar durante los próximos 235 años para tener derecho a la pensión mínima de jubilación de 24 jamases mensuales (le recuerdo que, con el tipo de cambio actual, 1 jamás equivale a 0.003 dólares americanos).

No obstante, haciendo gala del ánimo conciliador que caracteriza todas las acciones de este Gobierno, estoy autorizado para plantearle una ventajosa e inmerecida propuesta.

Estamos dispuestos a olvidar paternalmente su dilatada adolescencia y a concederle la jubilación dentro de los 97 años reglamentarios con la única condición de que, en el plazo máximo de 15 días desde la recepción de este escrito, formalice su alta en el RAE (Registro de Autónomos Exprimidos) y comience a abonar las cuotas correspondientes a su actividad en el rubro de “guía turístico volador”, por el módico importe de 350 jamases mensuales. Atentamente…”

Después de charlar un rato con Wendy por Skype, de darse una vuelta con Campanilla y de molestar al Capitán Garfio tirándole unos cuantos cocos hasta acertarle en la cabeza, Peter se sintió mucho mejor y escribió su respuesta al señor ministro:

“Hola, viejo. No cuentes conmigo para aumentar la recaudación. Yo paseo gratis a mis amigos a lo largo y ancho de Nunca Jamás por simple diversión, y creo que ese rubro aún no existe en tus leyes fiscales. La verdad es que no alcanzo a entender por qué piensas que me pueden interesar tus míseras, remotas e imprevisibles pensiones de jubilación. Te comunico que, a lo largo de mi dilatada adolescencia, he puesto en marcha diversas fuentes de ingresos pasivos (por los que ya pago impuestos) que, gracias a la magia del interés compuesto, me garantizan un futuro feliz y tranquilo, además de servir para que muchos de mis amigos también ganen dinero. Si insistes en aburrirme con tus improcedentes exigencias de pago me veré obligado a trasladarme a algún lugar más paradisíaco, y ni siquiera contarás con los ingresos de los turistas que vienen a ver al genuino e irrepetible Peter Pan. Atentamente…”

El juglar financiero

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