Etiquetas

, ,

El ejemplo es la mejor forma de comunicación. La fuerza de la integridad se hace presente en una empresa cuando las personas que la componen cumplen con sus compromisos cabalmente, cuando hay modelos vivos de puntualidad, disciplina, laboriosidad, entrega constante. Cuando, dicho en resumen y brevemente, los hombres de la organización cumplen lo que dicen. Si esto ocurre, sobran las palabras, aunque también sobran cuando esto falta.

La duplicidad es la cualidad contraria. Si los individuos actúan con doblez, si faltan a sus compromisos, si no cumplen lo que ofrecen, la organización se desmorona, se vuelve endeble.

Entonces, si se perfeccionan los sistemas técnicos de comunicación, los efectos se agravan, porque la duplicidad se quiere dignificar con la tecnología. Los mayores escollos que enfrenta un director de empresa son causados principalmente por la duplicidad de sus colaboradores cuando sus comportamientos son frágiles en comparación con la pretendida fuerza de sus palabras, cuando no hay correspondencia entre lo que manda o prohíben y los actos que desobedecen esas órdenes. El director de empresa, por su parte, no puede permitirse rasgos de doblez o de lo contrario dejará de fungir como tal. La integridad es constitutivo necesario en su oficio de líder: su conducta avala sus palabras pues es la única que le otorga credibilidad frente a quienes han de seguirle.

Las palabras aisladas de contenido, los discursos vacíos, dictados en el aire, no rinden frutos. De nada sirve exigir puntualmente si uno no se esmera en llegar a tiempo. Resultan inútiles los informes pormenorizados de nuestros operarios si, al fin y al cabo, no los leemos; todo carece de provecho alguno. Hace falta el antecedente del compromiso y del cumplimiento. La integridad de una persona, y específicamente de un directivo, se capta desde el primer momento; lo mismo ocurre con la duplicidad.

Entre todos los demás seres vivientes, el hombre es el único capaz de disociar las tres actividades fundamentales de su vida: el pensar, el decir y el actuar. La integridad puede fallar en cualquiera de las vertientes, además de aquella falla involuntaria de la que hablamos al tratar del error. El rompimiento entre el pensar y el decir ha quedado suficientemente analizado cuando hablamos de la segunda barrera de la comunicación: la mentira. Nos interesa ahora precisar con mayor nitidez los otros dos nexos: el nexo entre el pensar y el vivir. La unión firmemente establecida entre ambos se llama coherencia interna o unidad existencial y, cuando se rompe, incoherencia de vida o, en su extremo patológico, esquizofrenia. También interesa aclarar el otro nexo, entre el vivir y el decir, que al romperse recibe el nombre de doblez. Esta última relación, que denominaremos integridad comunicativa, y su posible rompimiento –duplicidad-, es en gran parte una consecuencia de a anterior relación o rompimiento, entre el pensar y el vivir, que hemos llamado unidad existencial.

El principal problema se suscita en el momento en que un individuo vive de modo distinto de cómo piensa, y, por tanto, no cumple lo que dice. Los principios teóricos son ineficaces si no se acompañan de una adhesión libre y firme de la voluntad. Puedo poseer toda la formación teórica, moral y académica que se halla en los libros, puedo incluso impartir cursos de ética en la propia organización, pero simultáneamente comportarme de una manera completamente diversa, al punto que desdigo con mi vida práctica todo lo que digo y todo lo que discurro en mi mente. Lo anterior equivale a romperme en pedazos y carecer de un núcleo unitario en mi persona. Quienes están a mi alrededor podrán preguntarse cuál de todas las manifestaciones de mi persona soy yo: ¿el que vive y actúa, o el que piensa y habla? Esta desintegración personal, está verdadera esquizofrenia, acaba con la característica unida del individuo. Precisamente la voz individuo alude a la imposibilidad de tal escisión: individuo significa algo que no se divide, y ésa es su esencia.

*Notas del libro Ser del Hombre y hacer del a organización de Carlos Llano.

Anuncios