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En toda convivencia humana es fundamental el principio de que todo ser humano es una persona, es decir, una naturaleza dotada de inteligencia y libertad, de la cual nacen los derechos y obligaciones con el propósito de tener una sana convivencia en sociedad. Recordemos esta frase de Carlos Fuentes: “ El desarrollo de la sociedad sólo es posible mediante el desarrollo de los individuos que la integran” (2000).

El hombre, desde niño, instintivamente busca lo agradable y placentero y evita lo desagradable, en otras palabras, tiene la voluntad para realizar lo que se denomina actos humanos, que son aquellos actos en donde el hombre es dueño de hacer u omitir, de hacerlo de un modo u otro.

La facultad máxima del hombre es la de llevar a cabo acciones libres impulsadas por la voluntad. Sin embargo, la voluntad no atemperada por la deliberación racional y por la inteligencia proporcionada por una educación que convierta los vicios en virtudes a través de una apertura hacia valores superiores, ha provocado que se utilice el nivel instintivo en cualquier situación de la vida, incluso en los negocios, de una manera irracional e inconsciente, confundiendo libertad con el libertinaje.

La libertad humana tiene que ir paralela con el sentido axiológico y el sentido de responsabilidad, de no ser así se convierte en libertinaje.

La Ética se ocupa de las acciones que el hombre elige libremente hacer o no (Rodríguez 2004) y está, de igual manera, relacionada con el apego a las reglas que permiten mantener las relaciones entre los individuos que viven en sociedad.

Se ha determinado que se fundamenta, La Ética,  en un conjunto de valores que permite dicha coexistencia. Entre los principales valores se han identificado: autonomía, equidad, racionalidad y sensibilidad, ya que al referirnos a los derechos de los individuos vemos la importancia de la autonomía, pero cuando estamos ante la demanda de una comunidad, debe prevalecer la equidad. Cuando para una determinada comunidad se generan expectativas acerca de los que es correcto y lo que no lo es, se requiere establecer criterios de acción que guíen hacia el beneficio común, por lo que debe prevalecer la racionalidad y reflexión así como la sensibilidad para responder de acuerdo con las circunstancias que se presenten.

El hombre debe actuar consciente y libremente en un nivel racional. Los actos humanos son originados desde sus facultades específicas: la inteligencia y la voluntad. Estos actos humanos son el objeto material de la ética y son los que pueden ser juzgados como buenos o malos desde el punto de vista de la moral.

La Ética sirve para generar en nuestra mente un conjunto de normas, principios y razones que establecemos como directrices de nuestra propia conducta. Surge en la interioridad de cada uno como resultado de un reflexión y elección propia. Se basa en los valores internamente percibidos y apreciados, es lo que llamamos actuar por propio convencimiento.

La ética y los valores sirven para establecer límites a nuestra voluntad y van más allá de las normas y la legalidad.

En las normas y códigos impera el aspecto prescriptivo, legal, obligatorio, impositivo, coercitivo y punitivo; es decir, en las normas y códigos destaca la presión externa, en cambio en las normas éticas destaca la presión del valor captado y apreciado internamente que regula las conductas. El fundamento de la norma ética es el valor descubierto internamente en la reflexión de las personas, no el valor obligado desde el exterior.

Actual libremente tiene el mismo sentido que los actos morales, ya que la moral concierne a la persona, porque ella es libre de actuar (Rodríguez, 2001). Muchos teóricos han estudiado los actos que realiza el hombre libre. Los cuales están asociados a la acción y por lo tanto con la conducta moral. No existe moral sin libertad.

*Referencia: Libro el actuar financiero ético y su impacto en el siglo 21. IMEF

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