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“El acto más importante en el director es el de mandar, lo cual está muy lejos de ser evidente. Quienes carecen de experiencia directiva, o su experiencia ha sido superficial, consideran que el mandar a otros es fácil, siendo la más difícil de las acciones de la dirección. Quien piensa que el mandar es fácil queda, por ello mismo, incapacitado para hacerlo. Porque el mando es un ejercicio activo que requiere su correspondencia pasiva. Sólo hay mando cuando hay obediencia; cuando la obediencia falta, nadie ha mandado nada, se limita a emitir órdenes, acción trunca respecto al mando.”  Carlos Llano.

Existen muchas empresas en donde el compromiso de los accionistas, fundadores y directivos se circunscribe solamente a la búsqueda a corto plazo de los rendimientos financieros y operativos que se han puesto en mente, sin tener realmente un compromiso personal, pasión por la acción y la entrega necesaria para llevar a buen puerto el destino de la empresa que fundaron. Se olvidan, y justifican, en muchos de los casos, el compromiso adquirido hacia los colaboradores, la sociedad y el país.

El gran problema es que hemos recibido y aprendido durante muchas décadas la información y deformación de que los resultados sólo son válidos para una empresa, una sociedad y una persona cuando éstos tienen una mira a corto plazo. Si los resultados no se dan entonces cerremos o vendamos la empresa. Ante esto, lo que realmente demostramos es la carencia de una verdadera acción directiva, de estratega para la búsqueda de la sustentabilidad y crecimiento de la compañía.

Hemos aprendido a buscar resultados inmediatos que tengan una satisfacción en el instante y si esto implica un menor esfuerzo, mucho mejor. Hemos aprendido a que lo que nos mueve son los procesos motivacionales que generen un beneficio personal, olvidándonos en muchos casos de los seres humanos.  Tal pareciera que ahora lo importante es el tener y no el ser (persona). No hemos aprendido a realizar planes personales e institucionales a largo plazo, a más de 15 ó 20 años.

Tal pareciera que nos hemos olvidado que los directores además de mandar son líderes morales de sus empresas, de sus instituciones, con toda la responsabilidad que esto implica.

En la industria el tránsito entre la modernidad y posmodernidad representan un reto estructural para la empresa contemporánea. Ambas se enfrentan en el ámbito operativo con dos supuestos diferentes para discernir la eficiencia de la organización. Los criterios de eficiencia de la mentalidad moderna se basan en la competencia y el poder. De este modo, en la empresa una acción logrará sus pretensiones sólo cuando resulte competitiva y poderosa. Mientras que para la cultura posmoderna , se ha percatado de la eficiencia que se obtiene mediante la colaboración y el servicio.

La perspectiva del poder y la competencia no hace sino que los ámbitos de la vida, como la empresarial, se vivan en un clima de campeonato, en el que cualquier actividad se ve como empeño o una marca que batir. Pensar la vida como un campo de batalla o pista de atletismo no hace sino exaltar el individualismo y el afán de independencia en la vida, olvidando los aspectos de colaboración, solidaridad y subsidiariedad.

Recordemos: Ser director no solo es saber mandar, es saber obedecer, es saber ser líder y ejemplo en las instituciones, organizaciones y empresas.

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