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Dirigir implica aprovechar y acrecentar el potencial de todos los colaboradores. Formar y enseñar, exige cercanía y un conocimiento profundo de las personas, pero a la vez requiere respeto a la autoridad y a las normas, algo que no se dará si el director no pone el ejemplo del esfuerzo en su propio crecimiento.

En muchos ámbitos sociales identificamos una evidente crisis de autoridad que inquieta a quienes dirigen o tienen a su cargo educar a otras personas, lo que genera una grave consecuencia: ese deterioro de la autoridad dificulta el clima de libertad que reclama tanto el formar como el actuar de toda persona.

Constatamos un movimiento cultural que confronta a dos generaciones y desde una perspectiva amplia, advertimos ciertos rasgos que las distinguen claramente. La anterior simplemente asumía, como algo dado, la obediencia y el principio de autoridad. La nueva generación los cuestiona e incluso los confronta.

Resolver esa crisis de autoridad exige un crecimiento en el modo de ejercerla y ello requiere una evolución de quienes dirigen o enseñan.

JERARQUÍAS: NECESARIAS Y PRÁCTICAS

Tenemos que prevenir al líder de un error muy común que, aunque parezca una obviedad, no lo es: no todos los subordinados son iguales.

Mientras que se ha estudiado extensivamente el liderazgo, el análisis sobre los seguidores es muy germinal.

La doctora Barbara Kellerman de la John F. Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard, ha introducido el término followership, para referirse al estudio de los distintos tipos de seguidores en las instituciones.

Los tiempos que vivimos requieren voltear a ver a los seguidores, su influencia es creciente en un ambiente altamente competitivo, donde el trabajo en equipo y el compromiso con los objetivos estratégicos requieren una labor coordinada.

Las personas suelen seguir a los líderes por diversos motivos, pero históricamente la jerarquización de las relaciones se realiza por motivos muy prácticos: no todos pueden ser líderes, por tanto, para que haya gobernabilidad se acepta el liderazgo de unos cuantos. Los líderes dan al grupo estabilidad y seguridad. La pertenencia a un grupo da sentido de identidad y organización.

Pero, ¿cómo se puede liderar si nadie quiere seguir? Cuando los líderes se enfocan sólo en sí mismos y olvidan que el logro de objetivos únicamente se alcanza en equipo –afirma Kellerman–, la organización lo resiente y se complica más lograr las metas.

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